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Las autoridades locales indicaron que no hay víctimas mortales, ni se han registrado heridos después de que un grupo de 150 budistas se reunieran anoche frente a la comisaría para exigir la entrega, y posterior ajusticiamiento, de un varón musulmán que presuntamente había violado a una mujer budista.

Al negarse la Policía a entregar al acusado comenzaron a prender fuego a residencias y negocios regentados por musulmanes.

El conflicto entre ambas comunidades estalló en 2012 en el estado de Rakhine, en el oeste del país, a raíz de la violación y asesinato de una mujer budista por cuatro musulmanes.

Las fuerzas de seguridad lograron contener la violencia en un principio, pero rebrotó en octubre y desde entonces no han conseguido que cesase por completo, ni evitar que saltase a otras partes del país, como ocurrió en Meiktila, región de Mandalay, provincias centrales.

El número de muertos en Rakhine asciende a 160 y los edificios destruidos superan los 10.000. Además unas 140.000 personas, según datos de la ONU, siguen en campamentos de refugiados, la gran mayoría musulmanes.

Naciones Unidas y la Unión Europea, entre otros, han instado a las autoridades birmanas a resolver esta crisis a través de la reconciliación y la concesión de la ciudadanía a los miembros de la etnia musulmana rohingya.

Unos 800.000 rohingyas viven en Birmania (Myanmar) con el estatus oficial de emigrantes bengalíes, aunque si bien Bangladesh es su país de origen allí tampoco los reconocen como nacionales.

El trato que reciben los rohingyas en Bangladesh y Birmania ha provocado un éxodo de ellos por el Sudeste Asiático.