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Saeid Moradi, de 29 años y que perdió las piernas con una de sus bombas, fue sentenciado a cadena perpetua por intento de asesinato de un policía y posesión de explosivos, informaron los medios locales.

El acusado se enfrentaba a la pena de muerte si llega a ser condenado por terrorismo.

Por su parte, Mohammad Kharzei, de 43 años, fue condenado a 15 años de cárcel por posesión de explosivos.

Ambos fueron detenidos después de provocar varias explosiones que causaron cinco heridos, incluido uno de los iraníes, en un barrio de Bangkok el 14 de febrero de 2012.

La primera explosión se produjo en la vivienda de los iraníes, donde la Policía encontró cuatro kilos de explosivo C-4 y varios detonadores, mientras que otras dos se produjeron en una calle cercana.

La Policía acusó a Maradi de lanzar un explosivo a un taxista, al que hirió, y contra unos policías, pero en este caso le explotó y destrozó ambas piernas.

Un tercer iraní, Masoud Sedadghatzadeh, de 31 años, fue detenido al día siguiente de ocurrir los hechos en un aeropuerto de Kuala Lumpur y está pendiente de un proceso de extradición a Tailandia.

Las autoridades israelíes acusaron entonces a los iraníes de pertenecer a una célula terrorista, que también relacionó con los ataques contra objetivos israelíes en India y Georgia ocurridos el 13 de febrero de 2012.

Irán negó relación alguna con este grupo y acusó a Israel de tratar de “dañar los lazos históricos entre Irán y Tailandia”.