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Monforte de Lemos, el pueblo que llora por las víctimas y el maquinista

El accidente está en boca de todo el mundo y en este pueblo de 20.000 habitantes, aún más. “Desde el día 24 por la noche, es el pan nuestro de cada día. En las reuniones, en el café, es lo que se comenta”, señalan a EFE monfortinos que están relacionados con la actividad ferroviaria.

Muchos de los habitantes de Monforte tienen alguna conexión con el tren. “Es una ciudad ferroviaria. Pocos vecinos no tienen relación con el ferrocarril y esta tragedia es algo que se siente mucho”, declara José Luis Rivero, ferroviario y concejal en el Ayuntamiento.

Él coincidió con Garzón los años en los que el maquinista se encargaba de suministrar combustible a las máquinas de gasóleo de la estación de Monforte, antes de que comenzara a manejar trenes como el siniestrado en la fatídica curva de Angrois, en el que viajaban 218 personas, de las que 79 han perdido la vida.

“Garzón era un compañero estupendo, divertido, alegre, siempre con una sonrisa, responsable. Que yo sepa, nunca un jefe le llamó la atención, ni se le abrió expediente alguno”, comenta Rivero, que no ha hablado con el maquinista después de la tragedia, pero que está dispuesto a apoyarle.

“Le tendremos que dar mucho cariño para que no caiga en un pozo. Supongo que necesitará ayuda psicológica. La situación es muy dura”, explica.

Monforte es la residencia de los maquinistas de transporte de mercancías, más de cuarenta. “He visto llorar a compañeros por la tragedia y también porque le tocara a él (Garzón)”, comentan en la estación, donde las lágrimas caen hacia los dos lados.

Quienes conocen al maquinista y viven del tren piden que se analicen bien las causas del accidente. “A mí me enseñaron que cuando se produce algo así, no solo hay una causa”, dice uno de ellos.

Apuntan que Garzón “conocía la línea, los trenes, todo. No sé si ha tenido algún despiste, pero debe investigarse todo bien para que esto no se vuelva a repetir. Es un accidente que te encoge el corazón”.

“Estamos consternados, apenados por la cantidad de víctimas. Debemos dejar tiempo a que se investigue todo. Pienso que lo van a hacer y que la verdad salga a la luz”, añaden.

Por eso lamentan que al maquinista se le haya señalado desde el primer momento: “Esta sociedad es democrática, progresista, no del medievo. No se puede caer en el simplismo de culpar a alguien para quemar en la plaza del pueblo”.

Y si la investigación confirma que ha sido un fallo del maquinista, confían en que la tecnología contribuya a evitar otro accidente así en el futuro, pero también recuerdan que en el tren, como en la vida, “no existe el riesgo cero”, que la muerte puede sobrevenir en cualquier sitio, en cualquier momento, de cualquier forma y los despistes, también.

Carlos Alberto Fernández

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