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25 y 21 años de prisión para los hermanos vascos que mataron a un anciano

La Audiencia Provincial de Cantabria ha condenado a 25 y 21 años de prisión a los dos hermanos vascos que mataron a un anciano en un garaje de Santander, por un delito de asesinato, y ha impuesto 4 años y tres meses de cárcel al tercer implicado, un vecino de la capital cántabra que colaboró en el robo con violencia perpetrado en el domicilio del hombre, que murió asfixiado tras ser atado y amordazado en su local.

La sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, se ha dictado el pasado 4 de noviembre conforme al veredicto del jurado popular con el que se celebró el juicio, aplicando las penas solicitadas por el fiscal a los dos principales encausados, Paulino y Ricardo G.L., pero rebajándola al tercero, Juan Carlos C.S., para el que el Ministerio Público interesaba 7 años después de haber rebajado la petición inicial, de 35 años para todos ellos.

En la vista, los dos vascos reconocieron los hechos: Paulino en su declaración y Ricardo en un segundo e inédito interrogatorio solicitado al día siguiente por su abogado a la sala, porque en el primero había negado la participación en el crimen y el robo a pesar de que su hermano le había involucrado. Y ambos exculparon a Juan Carlos de los dos hechos delictivos.

En concreto, el fallo de la Sección Primera de la AP impone a Paulino 20 años de prisión por asesinato y 5 más por un delito violento de robo en casa habitada en concurso con otro de detención ilegal, concurriendo en ambos casos las agravantes de disfraz y abuso de superioridad, y multa de 500 euros por lesiones leves a la mujer de la víctima, cuando robaron en su domicilio.

A Ricardo le condenan a 16 años por el asesinato, al aplicarse en este caso la atenuante de drogadición, y a 5 años por el robo, delito que en el caso de Juan Carlos se queda en 4 años y 3 meses.

Los dos deberán pagar también la multa por las lesiones a la esposa del anciano, por las que los tres deberán indemnizarla con 140 euros así como con los 200 euros sustraídos de la casa y el valor en que se tasen las joyas y objetos robados. Y los dos hermanos tendrán que indemnizarla también con 80.000 euros por la muerte del anciano, de 81 años, además de pagar las costas judiciales.

HECHOS

Según la sentencia, y de acuerdo con la investigación y las pruebas practicas en el juicio, los hechos sucedieron en febrero de 2017 en el garaje del anciano, en la calle Beato de Liébana de Santander, y en el domicilio familiar, ubicado en el Alcázar de Toledo.

Constituyeron un asesinato -como lo entendió también la mayoría del jurado- y un único delito de robo con violencia, en concurso con otro de detención ilegal. Los abogados de los inculpados consideraban en cambio lo sucedido homicidio y robo con violencia e intimidación, por los que pedían penas inferiores en todos los casos.

Los dos principales acusados atacaron al octogenario como paso previo para ir a por dinero al domicilio, donde estaba su mujer y a la que también ataron y amordazaron, causándole a él fallecimiento por asfixia y lesiones leves a ella, aunque ambos aseguraron que no fue su intención matar a nadie.

De hecho, al día siguiente de lo sucedido Paulino telefoneó desde una cabina de Vitoria, donde residía, a Cruz Roja de Madrid, alertando de que dos personas mayores podrían precisar ayuda e ofreciendo datos de cómo llegar al garaje y al domicilio.

Y a raíz de esa llamada, grabada, fue identificado por la voz tras la difusión de un extracto en medios de comunicación para solicitar la colaboración ciudadana. A partir de esto, los tres fueron detenidos escalonadamente y permanecen en prisión desde entonces.

Siete de los nueve miembros que constituyeron el tribunal del jurado coincidieron en su deliberación tras el juicio en que Paulino y Ricardo mataron al octogenario en su garaje para cogerle las llaves de su domicilio y entrar a robar.

Por unanimidad consideraron que el hombre trató de resistirse, pero le resultó físicamente imposible por su edad y estatura, así como por la complexión física de los dos principales encausados. Según el objeto del veredicto, ambos redujeron y golpearon al anciano, “sabiendo que haciendo lo que hacían podían matarle”.

“Le metieron un trozo de tela en la boca de gran tamaño, que le introdujeron con fuerza empujándolo hasta la laringe, le taparon la boca con cinta adhesiva, encima le colocaron un pañuelo que le tapaba la boca y las fosas nasales, le envolvieron la cabeza con cinta transparente”, coincidieron los jurados.

A su juicio, los dos “le ataron fuertemente las manos y los pies de forma separada y luego entre ellos a la espalda, flexionando para ello las piernas y brazos del anciano con varias cuerdas y cables eléctricos, atándole además a una columna que había en el local, colocándolo boca abajo sin ninguna posibilidad de movimiento ni de respiración, dejándolo abandonado”.

También se pusieron de acuerdo al concluir que Paulino recibió información a través de un conocido de la capital cántabra cuya “identidad no consta” de que el anciano tenía una caja de caudales en su domicilio, como “las del Oeste”, en la que guardaba mucho dinero.

En consecuencia, no consideraron probado, por falta de pruebas, que recibiera ese ‘chivatazo’ a través de su amigo Juan Carlos, que finalmente ha sido condenado a 4 años y tres meses de cárcel, frente a los 7 y 35 años que pedía primero el fiscal.

Contra esta sentencia de la Sección Primera de la Audiencia Provincial cabe recurso de apelación ante la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, extremo que descartan a priori las defensas de los tres condenados.

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