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Antonio Belmonte toca el contrabajo, la guitarra, el ukelele, el violín, el acordeón, el piano, el charango y el cajón de música flamenco. Todos los días dedica tres horas a la música. Para Antonio la música es su lenguaje y su vida. Para los demás él es un ejemplo de superación y normalización al haberse convertido en la primera persona con autismo en cursar un grado profesional en conservatorio en España. Antonio estudia contrabajo en el Conservatorio Torrejón y Velasco de Albacete.

Todo esto nos lo cuenta Antonio Jose Belmonte padre en conversación telefónica en plena campaña por el preestreno 'El solista de la orquesta', un documental dirigido por Arantxa Echevarría y promovido por la Fundación Orange, que narra la historia de su hijo y de su familia.

Cuando Antonio tenía apenas dos años sus padres, a pesar de que eran primerizos, notaron que había algo diferente. Le costaba seguirte con la mirada, recuerda su padre. Fue diagnosticado de autismo, un trastorno del neurodesarrollo que en España afecta a una de cada 80 personas y que implica dificultades para el lenguaje verbal y no verbal y la interacción social, además de propensión a los comportamientos repetitivos y dependencia de las rutinas y hábitos. “Pasamos unos días mal… Sabes que es un problema para toda la vida, una forma de ser“.

No obstante, Antonio José y su mujer son personas animosas y enseguida se pusieron a trabajar para lograr que el desarrollo de su hijo fuera lo más completo posible. Entre terapeutas y logopedas Antonio modelaba guitarras de plastilina, tarareaba canciones, y los únicos juguetes que llamaban su atención eran los instrumentos. Su interés por la música era evidente. Pero había algo más.

Yo tenía una guitarra en casa, y a los cinco años el niño cogía la guitarra y la afinaba a la perfección sin ningún tono de referencia“, cuenta su padre. Fue entonces cuando descubrieron que su hijo tenía oído absoluto, una cualidad innata que le permite identificar las notas con solo oírlas, sin referencias. O distinguir en una orquesta la nota que está tocando cada instrumento, por ejemplo. Con ocho años escuchaba una partitura, la memorizaba y la escribía.

El oído absoluto, una habilidad con la que han sido agraciados grandes músicos, como Mozart, tiene mayor incidencia entre los autistas que entre el resto de la población, se calcula que se encuentra en uno de cada 20. Y aunque allana el camino no significa que quienes quieran sacarle todo el potencial no tengan que esforzarse. “Mi hijo no es un genio. Le cuesta muchas horas de práctica”.

SIN BARRERAS

La familia de Antonio Belmonte espera que la música sea una salida laboral y una vía de inserción para su hijo. De momento, gracias a la colaboración de sus profesores, del Conservatorio, y de una Administración que autorizó la adaptación de la prueba de acceso ha podido continuar sus estudios profesionales. Cuenta Antonio José que en formación musical está al nivel de sus compañeros, si bien en la prueba de acceso se le permitió emplear más tiempo para contestar a las preguntas, además de formularlas de una manera más sencilla para él.

No tiene problemas con el lenguaje musical, lee y escribe partituras sin problemas”.

Las posibilidades musicales de las personas con autismo están ya más que comprobadas. El documental refleja el viaje de la familia junto con Antonio para visitar a Adam Ockelford, referencia mundial en la enseñanza musical a personas con discapacidad. Allí comparte clases también con Derek Paravicini, un reconocido prodigio musical, ciego y autista savant, que también tiene oído absoluto.

Antonio también tiene experiencia en actuaciones y conciertos. En 2012, su padre y sus profesores de apoyo formaron junto con Antonio el grupo Alhambra Albacete, con gran éxito: en 2013 ganaron el premio de música del Certamen Nacional Fundación IgualArte y han realizado más de 30 actuaciones en toda España. A pesar de sus problemas para hablar o relacionarse “cuando está tocando un instrumento Antonio se transforma. Hace perfectamente la hora de actuación“.

Más allá de su carrera como músico, sus padres piensan que podría trabajar como afinador de pianos. En España hay pocos, y aunque no hay cursos homologados, confían en que pueda encontrar un hueco en ese mercado. Pero aún queda mucho para eso y Antonio José quiere disfrutar de esos momentos mágicos de comunicación con su hijo que le brinda la música. Momentos que tal vez no obtendría de ninguna otra forma.

“Los fines de semana tocamos todos juntos, Antonio, yo, y mis otros dos hijos, los tres, dos o tres horas, es un momento muy especial“.