Compartir

“Mi último paciente llegó a la consulta para decirme que tenía que tratar 'su problema'. Comenzó como todos, de una manera tímida y dando rodeos. Contó que en semanas iba a realizar una escapada a un albergue con su mujer y otro matrimonio. Entonces me contó lo que ocurría. Al terminar me dijo que si pasaba de nuevo y el acto sexual era con su mujer no habría problema. Ella está acostumbrada y lo acepta. Le ayuda, de hecho. Pero si era con la mujer de su amigo…”. Así relata la experiencia con su último paciente de sexsomnia la doctora Milagros Merino, coordinadora de la unidad de trastornos neurólogicos del Sueño del Hospital la Paz. 

¿Se pueden mantener relaciones sexuales mientras se está dormido y no recordar nada al despertar? Sí, hay personas que pueden tener sexo de forma inconsciente con su pareja o con algún compañero de piso mientras duermen. Con todo lo que ello implica. Esto es, precisamente, lo que viven aquellos que padecen este 'sonambulismo sexual': un trastorno del sueño en el que se practica sexo durante la fase no REM. El paciente, al despertar, desconoce completamente lo que ha pasado. Y es extraño porque las más de las veces, esta actividad nocturna puede llegar a concluir en orgasmo. Aunqeu al día siguiente no quede ni rastro de plenitud o de sensación placentera.

No hay cifras, tan sólo estimaciones poco fiables del tanto por ciento de personas que pueden padecer este trastorno. Y sí, es muy minoritario: alrededor de uno de cada 100 pacientes que sufren alteraciones de su tiempo de descanso. Y es que hablamos de una patología poco frecuente y relativamente desconocida que se encuentra dentro del grupo de las parasomnias -que incluye también el sonambulismo o los terrores nocturnos-.

Los estudios en hombres han concluido que su fisiología recoge todos los ingredientes de las excitación sexual, comenzando por una erección. En el caso de las mujeres ocurre algo similar: se dilatan los vasos de la pelvis, hay congestión genital o lubricación. Es decir, hay actividad sexual plena durante el sueño: masturbación, coito, verbalización de conductas eróticas, violencia sexual, u otro tipo de comportamiento automático e inconsciente.

La especialista en Neurofisiología, Milagros Merino, asegura que los primeros casos se conocieron en los primeros años 90, y se trataban y documentaban ya 10 años después, pero “aún se desconoce mucho de esta alteración. Es más, la clasificación internacional de trastornos de sueño, editada por la Academia Americana de Medicina del Sueño aún no incluye a la sexsomnia como tal, pero cada vez habla más de ella”.

No hablamos de una enfermedad psiquiátrica de base y contra lo que se puede pensar tampoco se ha constatado que tenga su origen en un trauma sexual o en antecedentes de abusos en la infancia. “Sí se tiene constancia, en cambio, de que las primeras manifestaciones comienzan en la juventud y sus episodios van disminuyendo en el tiempo”, asegura la doctora Merino, que pertenece a la Sociedad Española del Sueño. Puede aparecer en períodos de estrés, se agrava con el abuso de alcohol, drogas y tabaco, puede tener un componente genético -un extremo que se estudia en la actualidad- y requiere tratamiento médico para la curación que, por supuesto, es posible. La doctora Merino recomienda, en el caso de que se detecte algún caso de sexsomnia, acudir cuanto antes a una unidad del Sueño.

Esta alteración del sueño introduce una angustia vital importante en los pacientes. Se tenga o no pareja. “Aunque si se tiene resulta todo más sencillo”, argumenta Ivan Rotella, sexólogo de la Asociación Asturiana para la Educación Sexual. En su opinión, es fundamental trabajar con la pareja. Su ayuda “resultará muy importante para prevenir las graves circunstancias que puede acarrear. Hay sexsomnes que pueden levantarse y buscar sexo con otra persona a la que nombran e incluso salir a buscar una relación a la calle, con los riesgos consiguientes de infecciones o embarazos no deseados”, concluye.

                                   

Como especifican desde el Hospital Nacional para Neurología y Neurocirugía de Londres, este inconsciencia de frenesí sexual podría emplearse, incluso, como “escusa o eximente para una violación”.  Se conoce el caso dedos británicos que fueron exculpados por los tribunales tras haber intentado forzar a mantener relaciones sexuales, respectivamente, con una mujer ebria y una adolescente.

A pesar de que los jueces reconocieron que había existido abuso, los certificados médicos presentados confirmaron que los agresores padecían sexsomnia y, por tanto, no habían cometido el delito de forma consciente.

¿Una barbaridad? Milagros Merino ha tratado muy de cerca este trastorno fuera de España y dentro de las anécdotas más significativas señala el de un chico joven llevaba muy poco tiempo trabajando en una empresa y uno de los días que acabó tarde de trabajar, su jefe le propuso ir a cenar juntos. “Como el chico necesitaba coger un tren para volver a casa, su jefe le dijo que no se preocupara por eso porque él le ofrecía la suya para quedarse a dormir”. Al día siguiente el chico se levantó con dolor e irritación en la región anal y acusó a su jefe de agresión sexual. “Al final se descubrió que fue el propio chico quien tuvo el episodio de sexsomia y su jefe, que era homosexual, le hizo insinuaciones y el chico colaboró y accedió”, concluye Merino.

En qué estaría pensando Calderón de la Barca cuando escribió aquel famoso monólogo de Segismundo: “¿Qué es la vida? Una ilusión,una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.