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Antes de tomar decisiones sobre un tema tan controvertido conviene repasar los datos. El informe, presentado hace unos días en Washington, revisa algunos estudios científicos publicados desde hace 30 años sobre el uso de maíz, soja y otros cultivos transgénicos. Y parece haber tranquilizado a muchas personas en todo el mundo. España es el único país de la Unión Europea donde se cultivan estos productos modificados a una escala importante. Según las estimaciones del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en nuestro país se siembran actualmente 131.537,67 hectáreas de maíz transgénico MON810 -el único autorizado en la Unión Europea-.

Pues bien, el trabajo que parece validar definitivamente la salubridad de estos cultivos se centra pretendidamente en el análisis de 900 estudios científicos sobre el impacto de este tipo de siembras y ha sido supervisado por un panel de expertos que fueron acreditados como independientes, liderados por Fred Gould, entomólogo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Pues bien, el comité no ha encontrado “ninguna prueba” de que los transgénicos dañen la salud, según la nota emitida por la Academia. Además, los resultados con animales y de composición química no revelan ninguna diferencia para la salud entre el consumo de un transgénico y un vegetal que no lo es.

                                 

En cambio, sí aseguran haber hallado evidencias de que los OMG resistentes a plagas han supuesto un beneficio para la salud humana al reducir las intoxicaciones con pesticidas. 

Sobre otros impactos positivos en el medio ambiente que habría que sumar, está el hecho de que el uso de transgénicos no reduciría la diversidad ni vegetal ni de insectos en los campos donde se plantan, e incluso, a veces la aumentan, dice el informe. Eso sí, el mismo trabajo reconoce que los genes de los transgénicos acaban invadiendo campos que no lo son, aunque no hayan provocado ningún impacto en el medio ambiente. Además, el informe confirma que hay insectos y malas hierbas que están evolucionando resistencia al tipo de pesticidas usados en los campos de OMG.

¿Y sobre las soluciones que los transgénicos iban a aportar a las hambrunas cíclicas en el planeta? Los resultados del estudio son poco favorecedores a estos productos. El equipo científico que sido noticia estos últimos días ha revisado los índices de producción de soja, maíz y algodón previos a la llegada de los GMO. Según las conclusiones, no hay evidencias de que los transgénicos hayan aumentado la producción de estos productos. 

¿INDEPENDENCIA?

Pero vamos con lo importante. ¿Son tan favorables los resultados del estudio estadounidense para los transgénicos cuando hablamos de la salud humana? Más bien parciales y, aún así, desde las asociaciones ecologistas desmienten algunas de sus 'verdades'. Sobre la supuesta independencia de origen del informe, desde el 'Observatorio OMG' de Ecologistas en Acción aseguran que conviene tener en cuenta la relación de varios de sus miembros con importantes empresas biotecnológicas y sus organizaciones asociadas, empezando por la propia directora del estudio, Kara Laney, que trabajó anteriormente en la International Food & Agricultural Trade Policy Council -financiada por Monsanto, el principal fabricante de semillas modificadas genéticamente-. Por otra parte, según la organización Food and Water Watch, que recoge y analiza las pasadas relaciones laborales de al menos doce de los veintidós miembros que han participado en el comité, hay lazos con las principales empresas biotecnológicas mundiales u organizaciones financiadas por éstas. “Sin desmerecer a los autores del estudio, sí es una que debe ser conocida”, dicen desde esta ONG

Sobre el carácter 'inocuo' de los transgénicos, según Luis Ferreirim, responsable de agricultura ecológica en Greenpeace España, “el informe no dice eso”. “Asegura, al contrario, que no importa mayor riesgo que los cultivos convencionales. Y eso no es lo mismo, ya que no dice nada de la agricultura tradicional y ecológica“. Además, hay que pensar que los informes analizados por el estudio son apriorísticos y no incluyen, de ningún modo, estudios sobre los efectos de los transgénicos sobre la salud humana a largo plazo, “único modelo científico útil para hablar de que estos productos son inocuos”, concluye Ferreirim. La postura del informe en este punto es esclarecedora pero realmente poco tajante. Más o menos viene a decir que lo mejor que pueden hacer las autoridades es seguir permitiendo comercializando estos alimentos como hasta ahora, poniendo quizá algunos medios técnicos más para detectar esos posibles efectos adversos, y esperando e si detectamos alguno de estos efectos el alimento se pueda retirar. ¿Resulta tranquilizador de verdad? 

Pero hay más, el informe de ANCIM -en el acrónimo español- identifica efectos imprevistos de los cambios genéticos que pueden provocar variaciones en el metabolismo de la planta . O también, cambios en el ADN resultante. ¿Qué quiere decir eso? “Que el rasgo que se introduce en el cultivo transgénico puede tener más efectos de los esperados. O que el propio proceso de transformación de la planta y cultivo celular puede producir cambios en el genoma que no nos sea posible medir actualmente a cierto nivel técnico”, dicen en Ecologistas en Acción.

Según Luis Ferreirim, de Greenpeace, al insertar nuevos genes en distintos alimentos se generan ciertas proteínas “que pueden causar ciertos efectos alergénicos que no han sido mensurados porque los test se realizan antes de la comercialización. ¿Por qué no se realizan los mismos test después de que los productos estén en el mercado?”.

Ocurre que los controles que se ha realizado hasta ahora y que han sido utilizados por el informe que libra de sospecha a los transgénicos, tienen deficiencias claras que no ha sido corregidas, como la utilización de muestras demasiado pequeñas de efecto estadístico limitado, “o la utilización de datos procedentes de estudiar al ganado vacuno durante largos períodos de tiempo que, aunque no señalan efectos adversos, no pueden servir como estudios de posibles efectos en los humanos en períodos crónicos, ya que estos animales son sacrificados jóvenes”, dicen los ecologistas. 

En cuanto a los efectos en la agricultura, el informe confirma que hay insectos que están evolucionando resistencia al tipo de pesticidas usados en los campos de OMG. Del mismo modo, el trabajo asegura que hay malas hierbas que han desarrollado resistencia al glifosato, o comercialmente 'Roundup', el polémico herbicida que se usa en estos cultivos. ¿Por qué es polémico? Muy sencillo. Mosanto, la misma empresa que fabrica la mayoría de semillas transgénicas, fabrica también el herbicida que las inmuniza contra las recurrente plagas del maíz. Con lo que la dependencia de los agricultores hacia los productos que desarrolla esta compañía también crece, porque están obligados a comprar nuevas partidas en cada cosecha.

                               

Así, millones de hectáreas de tierras de cultivo, e incluso parques y aceras, se rocían con Roundup cada año para matar las llamadas 'malas hierbas'. Y acaba llegando también a los productos con los que nos alimentamos. Este producto ha sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “probablemente cancerígeno para el ser humano”. De hecho, países como Italia, Alemania y Francia, en los que hay muchas reservas científicas a este producto, impidieron la semana pasada que la UE votara sobre la renovación de su autorización hasta 2025 como estaba previsto.

UNA LLAMATIVA COINCIDENCIA

Precisamente 24 horas después de que se conocieran los resultados 'tranquilizadores' de ese estudio de la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina estadounidense sobre los transgénicos, la empresa Bayer ofrecía 55.000 millones por Mosanto. Una cantidad que no ha sido aceptada aunque la negociación continuará. En los primeros seis meses de su ejercicio fiscal, esta empresa tuvo ingresos de 6.023 millones de euros que le aportaron un beneficio de 3.123 millones de euros.

Los principales mercados de la compañía de la compañía biosanitaria y alimenticia son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá, además de la India, donde se concentran el grueso de las plantaciones genéticamente modificadas en todo el mundo. Por darle dimensión, la gran mayoría del maíz y de la soja que se consume en Norteamérica es de este tipo. También el algodón, convertido ya en un monocultivo. Los otros grandes productores de semillas alteradas genéticamente son, por cifra de negocio, DuPont, Syngenta, Bayer, Dow Chemical y BASF. 

Así, la unión de Bayer y Mosanto generaría un gigante sin precedentes en el sector. “¿Hay algo detrás de esta coincidencia? No lo sé, lo que sí estoy seguro es que esa unión generaría un control gigantesco de un mercado tan sensible como el de los alimentos”, finaliza  Ferreirim. Y ahora quizá, la pregunta sobre los transgénicos sea un poco más pertinente. ¿Estás más tranquilo?