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El programa de televisión 'Hermano Mayor' y su conductor, Pedro García Aguado, nos familiarizaron con una pesadilla que para algunas familias es por desgracia diaria: gritos, golpes, amenazas, chantajes. Comportamientos todos protagonizados por niños y adolescentes. Comportamientos que además dirigen contras sus padres (y en especial contra su madre).

Este fenómeno ya ha sido definido y estudiado por los psicólogos y asistentes sociales. Lo llaman 'síndrome del emperador' y se refiere a los niños y adolescentes que maltratan a sus padres. Son chicos, normalmente varones, de entre 11 y 17 años que manifiestan un comportamiento tiránico y narcisista. Se caracterizan por un profundo egocentrismo, falta de empatía y ausencia de sentimientos de culpa. Deciden todo cuanto se hace en su casa y cuando se les lleva la contraria montan en cólera y agreden a sus padres tanto psíquica como psicológicamente.

Aunque no existen demasiados datos todos los expertos coinciden en que es un problema creciente. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) divulgó en 2013 que entre el año 2.000 y el 2010 se habían multiplicado por seis las denuncias de padres a hijos en la Fiscalía, con cerca de 6.500.
¿Hay cada vez más casos? ¿Por qué se producen? Aunque las explicaciones más extendidas aluden a una excesiva permisividad por parte de los padres, los expertos matizan: No es tan simple.

María Victoria García-Calvo, presidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria de Castilla La Mancha (APapCLM), sí apuntaba en 2013 en la presentación de estos datos a las dificultades de los padres a la hora de establecer límites: “En ocasiones los padres encuentran grandes dificultades para establecer el balance adecuado entre autoridad y afectividad“.

El cambio en los estilos de crianza, no siempre bien llevado, ha de entenderse en confluencia con otros factores. Como factores de orden social, en un contexto donde priman el individualismo, el hedonismo o la capacidad de consumo frente a otros valores. También en de orden psicológico y biológico.

NO CULPEMOS A LOS PADRES

El profesor de Criminología y Pedagogía de la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, defiende que la sociedad y las instituciones tienden a culpar a los padres cuando en realidad éstos necesitarían más apoyo. Así, explica que en una ponencia sobre este síndrome que “los hijos violentos con sus padres son personas temporalmente vulnerables o predispuestas a la tiranía que son educados por padres que no pueden enfrentarse a la exigencia de una socialización tan difícil como la que ellos plantean“.

Aclara Garrido que está demostrado que el maltrato en el seno de la familia, entre los padres, o bien de padres a hijos, engendra después violencia de los hijos a los padres. De la misma manera se sabe que la excesiva permisividad puede dar lugar a hijos irresponsables y caprichosos, pero no necesariamente violentos. De ahí la especificidad del 'síndrome del emperador' en el que “el hijo abusa sistemáticamente de los padres (madre, más habitualmente) sin que haya causas sociales que lo explique, y sin que éstos hayan sido negligentes“. Y añade: “Aunque no hayan sido unos padres perfectos le han tratado con un amor y atención al menos básico que bastaría para que todos los niños sin tal síndrome crecieran como personas no violentas“.

¿Cuál es entonces el motivo? A menudo tras el síndrome del emperador hay trastornos de conducta, niños y jóvenes con diagnóstico de hiperactividad (TDAH), trastorno negativista-desafiante (TND) o, en el caso más extremo, trastorno disocial. Son trastornos que no siempre tienen que derivar en un maltrato hacia los padres; pero que lo harán probablemente si se suman los rasgos de psicopatía a los que hacíamos alusión al principio: narcisismo y egocentrismo, y “grandes dificultades para sentir culpa o remordimientos, y para establecer lazos emocionales significativos (amor, cuidado, responsabilidad) con los demás, incluyendo a sus familiares“.

Estas psicopatías pueden despistar mucho y son las que permiten a algunos de los niños ejercen la violencia de manera selectiva con su padres. Es decir, a veces son niños que no tienen ningún problema en la escuela o en otros ámbitos.

CÓMO DETECTARLO

Lo expertos aseguran que cuanto antes se diagnostique este problema y se pida ayuda especializada más fácil será gestionarlo. A menudo son necesarias terapias familiares y, en lo que respecta al niño, dinámicas y castigos que le ayuden a desarrollar tanto la empatía como un sentido moral.

Desde el Centro Can Rosselló de Barcelona enumeran una serie de síntomas que pueden alertarnos de que estamos ante un 'Síndrome del emperador'. Sobre todo cuando confluyen varios de ellos y son persistentes:

– Están habitualmente tristes, enfadados o ansiosos. El chico con 'síndrome de emperador' no se muestra satisfecho, a pesar de salirse siempre con la suya.

– Sentido exagerado de lo que les corresponde.

Ataques de ira o rabietas como producto de una baja tolerancia la frustración o la incomodidad.

– Escasos recursos para la solución de problemas.

– Se comportan como si fueran el centro del mundo.

Baja autoestima: puede parecer una contradicción, pero los chicos con este síndrome no tienen buen concepto de sí mismos.

– Carecen de empatía.

No sienten culpa ni remordimientos por sus conductas.

Exigen sin cesar y parece imposible satisfacerles.

– Discuten las normas y los castigos.

– Culpan a los demás de sus propias conductas, de las que, por tanto, nunca se responsabilizan.

Llaman la atención constantemente.

– A veces tienen problemas también en la escuela o con otras figuras de autoridad.