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San Sebastián, 24 mar (EFE).- Lourdes Arrieta es una de las 34 personas que integran desde hace apenas un mes el Consejo Ciudadano de Podemos-Euskadi, el partido que le ha dado la oportunidad de convertir en colectiva su lucha individual contra la marginación de quienes, como ella, son diferentes pero no “discapacitados”.

La trayectoria vital de esta mujer está plagada de obstáculos y dificultades, y es más que una historia de superación. Nació hace 60 años en Bergara (Gipuzkoa) con una enfermedad congénita neuronal, que también tiene su única hermana y que la mantiene anclada a una silla de ruedas. No puede hablar, caminar, ni apenas moverse, pero no sufre ninguna disfunción psíquica, intelectual o sensorial, y goza de una lucidez fuera de lo común.

En una entrevista con EFE, habla de lo que le ha llevado a un nuevo hito en su vida: Meterse en política.

“Me he hartado de luchar sola. Ya es hora de que las personas con diversidad funcional tengamos presencia e influencia en la vida pública, igual que los demás”, dice con la rebeldía y obstinación que siempre la han guiado, aunque ella solo admite que para salir adelante simplemente ha tenido que echarle “mala uva” y “ovarios”.

Podemos -asegura- recoge “mis anhelos”, “mi lucha de toda la vida”, contra la marginación y por “la integración y la igualdad” de derechos y oportunidades, de todas las personas, “sea quien sea”.

Sus respuestas son directas y calculadas. No se anda con rodeos. Tiene que economizar palabras porque hacerse entender le cuesta muchísimo trabajo. Solo se permite licencias cuando se trata de bromear, porque sin humor no sobreviviría.

El “método Arrieta” de comunicación ocular que idearon las hermanas en su juventud, y que en 2013 se difundió en un documental ganador de varios premios, las sacó de la más profunda incomunicación. Pero con este sistema, Lourdes no se entiende mas que con unos pocos seres queridos.

Con el resto, usa una “tabla dinámica de comunicación”, que tiene las letras, números y signos, y también algunas palabras de uso frecuente, que ella va señalando con gran esfuerzo y poca destreza, por su falta de coordinación motriz.

Para transmitir pensamientos más complejos, su “filosofía de vida” o sus ideas políticas, escribe en un ordenador. Un sintetizador convierte sus textos en voz y le permite dar conferencias -medio centenar por España en los últimos ocho años-, pero no le sirve para mantener una conversación. Su precaria movilidad le impide teclear con la rapidez y precisión suficientes.

El pasado 3 de marzo dio su “primer discurso político”, en San Sebastián, ante un grupo de eventuales 'electores'. Concurría como candidata de la plataforma que lideraba Pilar Garrido, una de las cuatro que aspiraban a la dirección vasca de Podemos. Su lista fue superada por la de Nagua Alba y obtuvo sólo un 20 % de representación pero Arrieta salió elegida. “La gente se emocionó y me aplaudió mucho”, hasta “Monedero se acercó a felicitarme”.

Ante ese auditorio se comprometió a trabajar por que “la diversidad funcional” sea vista como “un espacio transversal” presente en todos los ámbitos de “la existencia humana” y no como “una carga” porque, subraya, “enriquece” a una sociedad “democrática y plural” y es generadora de “empleo” y “actividad económica”.

No le gustan los centros especializados para discapacitados ya que cree que son “guetos” que dificultan su “inserción social”. Lo que reivindica es que se “universalicen” todos los bienes y servicios para garantizar “la igualdad real de oportunidades”.

Lourdes se enfada cuando no puede tener la silla que necesita porque “no entra en el ascensor” del inmueble de San Sebastián en el que reside, cuando no puede viajar en un transporte público o acceder a un lugar, pero se revela aún más cuando tiene que pagar por un taxi adaptado el doble de uno normal. “¿No es esto discriminación?”, pregunta airada.

No sólo es cuestión de acabar con las barreras arquitectónicas pues, a su juicio, “lo peor son las barreras mentales”. Aquellas que desde que nació le han tratado de persuadir de que ella “no puede”, aunque luego ha demostrado que, con el apoyo necesario, sí puede.

Lourdes no tiene “cuidadores” sino “asistentes personales” que la ayudan en lo cotidiano. “Pienso, siento y decido por mí misma. No necesito que nadie lo haga por mí. Lo que necesito son piernas, brazos y una voz” y eso “se soluciona en parte contratando gente”. Pero no todos tienen esa posibilidad.

En su caso, su calidad de vida ha mejorado mucho desde que en 2009 entró en el programa “Vida independiente” de la Diputación Foral de Gipuzkoa que fomenta la autonomía de quienes tienen necesidades especiales y, entre otras cosas, subvenciona la contratación de personal.

Extender este tipo de “conquistas” para que nadie pase por su calvario es ahora su reto, para el que sigue contando con el apoyo de su marido, Tulio Riveros, sin quien “todo sería mucho más duro”. EFE

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