domingo, 27 septiembre 2020 2:29

Cuando el delito de odio se convierte en delito de ocio

Madrid, 20 mar (EFE).- La humillación que sufrieron la semana pasada unas mujeres en la Plaza Mayor de Madrid por parte de aficionados del PSV Eindhoven es una prueba de que frecuentemente se producen incidentes de odio en contextos de ocio, un hecho “aberrante” contra el que debe luchar toda la sociedad.

Lo destaca a Efe Maribel Ramos, coordinadora técnica de Hatento, el Observatorio de los delitos de odio contra personas sin hogar que busca detectar y analizar las situaciones de violencia que sufren esas personas en España.

“El delito de odio parece que se convierte en un delito de ocio” cuando identificamos al agresor “pasándolo bien” y “convirtiendo a otras personas en un objeto para su diversión”, explica Ramos, que asegura que detrás de todos esos “comportamientos aberrantes” está el hecho de “no otorgar a la otra persona la dignidad que le corresponde a todo ser humano”.

Esos aficionados no se hubieran comportado así si hubieran considerado que detrás de esas mujeres rumanas de etnia gitana y pobres hay un ser humano, con emociones y sentimientos, insiste.

Su actitud fue porque creen que ellas “no tienen el mismo estatus o nivel de ciudadanía que ellos y por eso se pueden reír, mofar, denigrar, humillar e incluso dar patadas y empujones”.

No obstante, quiere dejar claro la diferencia entre la exclusión social y la aporofobia (odio o al miedo al pobre) que se daban en el caso de esas mujeres y el fenómeno de los refugiados.

Dice que una cosa es el fenómeno de los refugiados que escapan de un extremo peligro en su país y otra la extrema exclusión.

“La crisis de los refugiados no es de los refugiados sino de la Europa que no es capaz de dar una respuesta”, afirma Ramos, que aboga por este cambio de enfoque del problema.

Pero alerta sobre la posibilidad de que si los poderes públicos en coordinación con la sociedad civil no abordan de manera adecuada la llegada de refugiados, muchos pueden acabar en una situación de extrema exclusión social.

Insiste en comentar que se trata de “fenómenos muy distintos” y que los delitos de odio contra personas sin hogar o en extrema exclusión social “vienen de antiguo”.

Según datos del Ministerio del Interior, en 2015 las fuerzas de seguridad detectaron 1.324 delitos de odio (13 % más que en 2014) y, en concreto, hubo 15 casos por aporofobia.

La mayor parte de los delitos de odio del año pasado, 506, fueron casos de racismo y xenofobia, 308 por ideología, 224 dirigidos contra personas con discapacidad y 168 por orientación sexual.

También hubo 70 por creencias o prácticas religiosas, 24 por discriminación sexual o de género y 9 por antisemitismo.

Ramos aclara que “estar en situación de extrema exclusión no es una condición de vida o de identidad de las personas” y denuncia “las actitudes de intolerancia basadas en querer mantener una situación de privilegio por parte de un grupo que oprime respecto al que es oprimido”.

Hatento emitió la semana pasada un comunicado de condena de los hechos sucedidos en Madrid y también condena lo ocurrido en Roma, donde un hincha del Sparta orinó sobre una mendiga, dos imágenes “humillantes” sobre las que Ramos cree que debería haber una condena de la UEFA, el máximo organismo responsable en materia de fútbol en Europa.

Pide también que los clubes lancen mensajes de respeto a los aficionados y apela a la importancia de que colegios, familias, medios de comunicación y el tercer sector asuman su responsabilidad en educar contra el odio y la discriminación.

Por otra parte, Ramos reflexiona sobre la actuación policial respecto a los hechos ocurridos en Madrid ya que ve, según las imágenes, que “no hay ningún tipo de reproche a esos tipos, ni tan siquiera una identificación de los mismos”.

Y le resulta “chocante” que sí se identifique incluso detenga después a algunas personas al finalizar el partido por tirar botellas o agredir a personas y no durante sus actos contra las mujeres pobres.

Por último, Ramos recuerda que mañana es el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, un fenómeno “muy basado en la intolerancia”. EFE