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Cuanto más estudies mejor, cuanto más currículum, más posibilidades de encontrar trabajo, si haces nuestro máster te quedas a trabajar en la empresa… Los años pasan y el discurso es el mismo, pero no la realidad. Más bien podría decirse que es todo lo contrario. No hay trabajo de lo tuyo, normalmente no te quedas en las empresas donde haces prácticas y hasta los 30 años puedes seguir siendo becario cobrando, con mucha suerte, unos 300 euros al mes. 

Mientras el paro afecta a uno de cada dos jóvenes españoles entre 18 y 24 años, las empresas siguen apostando por la precariedad laboral y las prácticas no remuneradas para comenzar en el mundo laboral. Y lo peor de todo es que de esos que sí trabajan, una quinta parte viven en la pobreza.

No solo eso, sino que a veces los trabajos que se realizan nada tienen que ver con lo estipulado. Demasiados obstáculos y problemas que se llevan arrastrando mucho tiempo sin que, aparentemente, nadie haga nada por ello. Por los jóvenes.

El futuro pinta igual, o incluso peor. “Las prácticas no son el problema, es que se abusa del sistema”, afirma Gonzalo Fanjul, cofundador de la fundación porCausa, dedicada a la investigación periodística sobre la pobreza y la desigualdad, y que este jueves organizan el Foro Sueños Rotos, en el Caixaforum del Paseo del Prado de Madrid, para que jóvenes y políticos se sienten a abordar y debatir este tema tan preocupante, entre otros como la política y la crisis. 

Patricia Muñoz es periodista, lleva un mes en el paro y, aunque hace dos años que terminó la carrera, ha estado siendo becaria en distintas empresas, cobrando poco más de 400 euros. “Yo quiero trabajar de lo mío, soy positiva, pero no de becaria y jamás gratis”, dice convencida. 

“Esta precarización del trabajo en los jóvenes llega incluso hasta los 30 años”, apunta Fanjul. La independencia se resiente y lo peor es que es un hecho que está tan normalizado que lo raro es encontrarte con una persona joven que tenga contrato y cobre un salario digno. “Es un problema social, ético y demográfico”, define el cofundador de porCausa

No se puede llegar a final de mes ni dejar de vivir de los padres por completo. Pablo Iglesias, líder de Podemos, ha propuesto que los becarios cobren el salario mínimo interprofesional por jornadas de ocho horas y que se regulen de una vez estas prácticas para no ser aprendiz durante años. “Muchos jóvenes viven en una situación de pobreza absoluta”, asegura el investigador.

EL BECARIO, ¿EL CHICO DE LOS RECADOS? 

Ser becario incluso podría tener connotaciones negativas. Son la mano barata de las empresas y, en muchos casos, los que hacen el trabajo sucio que otros no quieren. Nos cuenta Patricia lo mal que lo pasó en una empresa de comunicación grande en la que era becaria y su jefa le decía cosas como “cuélgame el abrigo” o “búscame esto y cuando lo tengas, puedes volver a sentarte”. “Soy una persona muy extrovertida y me anuló por completo, no pude aguantar, me fui antes de que terminara mi contrato”, detalla. 

Sin embargo, la joven quiere destacar que ha notado una gran diferencia entre las grandes y pequeñas empresas, ya que en éstas siempre se ha sentido muy a gusto y valorada. 

Las prácticas a veces no son lo que deberían ser. Desde porCausa las apoyan como método para “aprender el trabajo”, siempre y cuando tengan una “remuneración razonable y digna”, así como una “protección laboral” para que no se 'aprovechen' de los jóvenes con ganas de trabajar en esa empresa.

No es el caso de S.G., un joven de 26 años que es becario de operaciones en una pyme de comida rápida que cobra 700 euros al mes por ocho horas de trabajo. “Estoy muy contento, la empresa está en crecimiento y cuando se me termine el contrato de seis meses espero quedarme”, dice. 

El tema de las horas extra no pagadas también suele ser peliagudo. Patricia nos vuelve a reiterar el trato horrible que recibió por parte de su jefa en una gran empresa, ya que otro de los ataques hacia ella era “tú no te vas hasta que yo te lo diga”. S.G., sin embargo, dice que no está dispuesto a hacer horas de más por el sueldo que tiene “aunque hay gente que se queda, pero yo trabajo de 9 de la mañana a 5 de la tarde, no más”

MÁSTER SÍ O MÁSTER NO

En el debate estudiantil siempre ha estado sobre la mesa el tema sobre si hacer un máster es una pérdida de tiempo y dinero o si, por el contrario, te garantiza una especialización y un trabajo futuro. El cofundador de porCausa, Gonzalo Fanjul, sentencia que le parecen “un fraude” porque “se paga mucho y el modelo de educación está distorsionado”.

Patricia Muñoz estudió un máster de Periodismo Cultural a pesar de que siempre había sido “anti-máster”. “Fue un esfuerzo económico de 11.000 euros muy fuerte. No sabes si te va a servir, pero es la única solución y gracias a eso he estado un año trabajando y muy contenta”, cuenta.

S.G. entró en la empresa de comida rápida también gracias a un convenio con la universidad en la que él ha estudiado el máster, aunque el trabajo lo buscó directamente él. La realidad del mundo laboral de los becarios es que muchas empresas que no pueden (o no quieren) hacer contratos recurren solamente a personas que están estudiando o apuntadas a cursos, por lo que parece que es la única opción para los jóvenes.

'BECARIOS' SOBRECUALIFICADOS Y FUTURO AGRIDULCE

Sin duda, los becarios españoles están muy bien formados. Demasiado, quizá. El estudio sobre los Sueños Rotos de la fundación porCausa revela que el 56,3% de los asalariados menores de 30 años está sobrecualificado para el empleo que realiza y explica Fanjul que este esquema responde a que “las capacidades y necesidades del mercado no están adaptadas con el modelo de educación y, aunque los estudios nunca sobran, es malo porque no se encuentra trabajo de lo tuyo”

Los datos son demoledores y nada esperanzadores. Los contratos temporales han aumentado desde que empezó la crisis el doble en los más jóvenes hasta que hoy en día los que están bajo esta temporalidad han llegado a suponer el 51,9%. Las jornadas parciales también se llevan la palma entre la juventud y desde porCausa apuntan a que las mujeres firman un 14% más de contratos de este tipo que los hombres.