miércoles, 12 agosto 2020 22:23

La oruga procesionaria, enemiga mortal de los perros

Las altas temperaturas se han adelantado bastante este invierno, si es que lo podemos llamar así. Con ellas apetece salir más al parque a jugar con nuestros hijos o a sacar al perro, aunque precisamente en estos meses hay lugares más peligrosos que otros para los animales, más concretamente, los parques con pinos abundantes. En ellos habitan las temidas y peligrosas orugas procesionarias que pueden llegar a ser letales y provocar la muerte o lesiones graves para toda la vida en los canes. 

Estas larvas de mariposa siempre están ahí pero solo son realmente peligrosas “cuando las temperaturas nocturnas y diurnas se equilibran”, según nos explica el veterinario José Luis Blázquez, director de 'Openvet', quien cuenta que a finales de enero y principios de febrero ya comenzaron a tener los primeros casos de perros afectados por esta oruga. Los peores meses, sin duda, suelen ser marzo, abril e incluso mayo. 

“Son fácilmente reconocibles”, dice haciendo referencia a los nidos que forman en las copas de los árboles, blancos y enormes, de los que pueden llegar a salir desde 20 o 30 hasta 100 cada vez que se rompen. Todas ellas caminan en grupo, haciendo una procesión, de ahí su nombre.

Los dueños de mascotas que las saquen a pasear cada día o a jugar al parque tienen que tener especial cuidado estos meses. El veterinario experto recomienda “mirar los pinos, las zonas arboladas por las que pasan e incluso el suelo de la calle, a no ser que haya llovido, porque los restos de las orugas siguen activos varios días” para evitar la intoxicación de los perros. “Hay zonas en las que no hay, pero normalmente los parques grandes suelen ser el caldo de cultivo donde más nos podemos topar con ellas”, añade. 

Los perros son curiosos por naturaleza y no ven el peligro en estos bichos peludos. Precisamente es esto lo que les lleva a acercarse a ellas, a lamerlas o, en el peor de los casos, a ingerirlas. Sus pelos son los que contienen la toxina venenosa.

SÍNTOMAS DE CONTACTO 

El contacto pueden tenerlo de varias formas distintas; a través del contacto directo con la piel o las patas, con el olfato, con la lengua e ingiriéndolas. 

“En principio el contacto con la piel solo les provoca picores, pero el problema llega cuando los pelitos de las orugas les llegan a la nariz o a la boca cuando se están rascando”, explica el veterinario José Luis Blázquez. Los síntomas más comunes son hinchazones, inflamaciones y reacciones alérgicas que pueden ser graves si no se intervienen a tiempo, aunque, sin duda, el escenario más peligroso llega cuando el can se la come“Puede llegar a morir porque perforan el esófago y causan necrosis dentro de sus cuerpos por la gran toxicidad que tienen o por un choque alérgico que les impida respirar”, comenta.

Las lesiones pueden ser leves que tan solo necesitan una inyección en algunos casos, pero en otros pueden arrastrarlas el resto de sus vidas. “Pueden llegar a perder la lengua o los labios“, dice el veterinario, que también cuenta que hay perros que han sido capaces de superarlo tras estar varios días ingresados con sondas intravenosas. 

¿QUÉ HACER SI TUS PERRO HA TOCADO UNA PROCESIONARIA?

Si tu perro ha entrado en contacto con este tipo de orugas, el veterinario José Luis Blázquez explica que su primera reacción será “rascarse, darse con las patas y estar muy inquietos”, por lo que si vemos que el animal se comporta de esta forma después de haber estado en un parque lo mejor es llevarlo directamente al veterinario. 

“Hay que lavarle bien la boca con agua abundante e ir a la clínica inmediatamente, lo antes posible, para que la reacción no vaya a más”, aconseja Blázquez. “Lo mejor es que tengan una vigilancia intensiva por si se producen infecciones o necrosis en los órganos”.

Todo depende del contacto que se haya tenido, si es más o menos fuerte, y la cantidad. “La lengua es mucho más sensible que la piel, que es la parte que más se resiste”, asegura el veterinario.

EN GATOS Y HUMANOS

La oruga procesionaria es igual de tóxica y venenosa para perros que para humanos o incluso para gatos, pero estos dos últimos no entramos en contacto tan fácilmente con ella. 

“En niños pequeños sí se pueden dar casos más graves porque, en este sentido, se parecen a los perros, son curiosos y no son conscientes del peligro que entrañan. Sin embargo, a nosotros los humanos nos puede dar urticaria más o menos leve, picazón y quemazón, sobre todo”, explica Blázquez. 

En el caso de los gatos la prudencia que les caracteriza es uno de los factores que explican por qué no hay tantos casos de contacto con la procesionaria. “Son más cuidadosos con la comida y no se acercan demasiado. Darían con la pata antes de ingerirla, además de que no se les saca como a los perros”, dice el veterinario experto, quien añade que a pesar de ello no están libres de peligro, ya que “si están en un jardín les puede caer alguna o pueden subir los hilillos por la casa”.

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