jueves, 24 septiembre 2020 1:12

Falta de herramientas para prevenir el zika obstruye lucha contra la epidemia

Marta Hurtado

Ginebra, 9 mar (EFE).- La lucha contra la epidemia de zika en América Latina es extremadamente complicada y no tiene visos de mejorar a corto plazo porque no existen vacunas ni las habrá en varios años, no hay tests de diagnóstico que identifiquen el virus de forma aislada, y la erradicación del mosquito que transmite el virus se ha probado muy poco eficaz.

A esta conclusión han llegado los expertos reunidos durante tres días en Ginebra por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evaluar que herramientas hay disponibles para prevenir, detectar y luchar contra el zika.

Constatada la falta de los elementos principales en el combate al virus, la OMS ha hecho un llamamiento para un desarrollo rápido pero seguro de una enfermedad que aparentemente puede tener efectos devastadores.

La primera constatación es que no existe ni habrá a corto plazo una vacuna con la que inmunizar a la población.

“El desarrollo de las vacunas todavía está en un estadio muy temprano y las candidatas más avanzadas aún tardarán varios meses en estar listas para los estudios clínicos con humanos”, dijo en rueda de prensa la directora general adjunta de la OMS, Marie-Paule Kieny, quien alertó de que “es posible que las vacunas lleguen demasiado tarde para el actual brote en América Latina”.

Subrayó que el desarrollo de la vacuna es un “imperativo”, especialmente para las mujeres embarazadas y aquellas en edad fértil, pero asumió que el proceso de desarrollo será largo y, “con certeza”, durará varios años.

Hasta la fecha, 31 países de América Latina han detectado transmisión local del virus, siendo Brasil el país más afectado y, por ahora, el único que ha detectado una multiplicación por diez de los casos de microcefalia en recién nacidos, una causa-efecto que si bien aún no está científicamente probada, cada vez hay más evidencias de ella.

La infección con zika también se ha relacionado con el síndrome de Guillain-Barré (SGB), una enfermedad que afecta al sistema nervioso y causa parálisis, que en un 5 % de los casos es mortal.

“Siendo optimista, creo que en el mejor de los casos nuestra vacuna estará lista en tres años”, declaró por su parte, Jorge Kalil, director del Instituto Butantan de Brasil, uno de los centros más avanzados en el eventual desarrollo de una vacuna contra el zika.

“Tenemos que tener en cuenta que normalmente en el desarrollo de una vacuna se tardan doce años. Si tardamos tres, es que todo habrá ido muy bien, muy rápido y que las autoridades reguladoras también habrán acelerado los procesos”, agregó Kalil.

Por otro lado, Kieny recordó que la vacuna se inocularía en mujeres en edad fértil y posiblemente en embarazadas, por lo que los pruebas sobre la seguridad deben ser aún más estrictas, ante los eventuales efectos en los fetos.

Otro de los problemas es que no existen test de diagnóstico, y como en el 85 % de los casos el virus del zika es asintomático, no se sabe quien está infectado y quién no.

“El hecho de que los síntomas sean leves en la mayoría de los casos provoca que el desarrollo de medicamentos para tratar la infección no sean por ahora una prioridad”, explicitó Kieny.

Pero otro problema mayor es que las pruebas de diagnóstico existentes no consiguen diferenciar entre los anticuerpos generados contra el zika, y aquellos creados por el cuerpo para luchar contra el dengue y el chikunguña, virus transmitidos por el mismo vector, el mosquito aedes aegypti.

Este escollo impide poder realizar estudios sobre si el hecho de haber padecido dengue o chikunguña tiene alguna influencia en la acción del zika, y si estas infecciones influirían en la respuesta inmune a una vacuna contra éste último.

Finalmente, los expertos han asumido “el fracaso sino total, parcial”, en palabras de Kalil, de la erradicación del aedes aegypty con insecticidas.

Es por ello que se ha abogado por el desarrollo de nuevas estrategias -esterilización del mosquito, por ejemplo- y la creación de nuevos productos.

Precisamente, con respecto al vector, también se intentará determinar si algunas otras especies de mosquito donde se ha detectado el virus -Aedes Albopictus y Culex- pueden también transmitirlo.

Según los cálculos de la OMS, más de 60 compañías e institutos de investigación del mundo están desarrollando herramientas contra el zika: 31 en diagnósticos, 18 en vacunas, 8 en terapias, y 10 en control del vector. EFE

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