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Lágrimas y dolor. Mucho sufrimiento. ¿Cuál es el límite para no actuar si una etiqueta es el mayor fantasma? En España los últimos estudios realizados coinciden en señalar una tasa de prevalencia de casos de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en población adolescente de alrededor del 4,5% de las chicas de 12 a 21 años. En concreto, la anorexia se sitúa en torno al 0,3%, la bulimia en el 0,8% y el TCA no especificado en torno al 3,1%. Y en los chicos y mayores de edad, continúa el aumento. Como un siniestro goteo. Así las cosas, si consideramos la totalidad del espectro teniendo en cuenta las formas mas leves, la estimación es mucho mayor y se sitúa en un alarmante 16%.

Esas son las cifras que escandalizan a cualquiera y que en buena parte han motivado la actuación de esta estudiante de 18 años recién cumplidos, una moderna 'doña erre que erre' que comienza este año sus estudios de psicología. Su nombre es Anna Riera, y sí, está convencida de que su pequeño gesto puede ser una gota en un océano pero es, seguro, una ayuda para muchos chicos y chicas de 12 a 20 años. Se trata de reducir los estímulos para la autodestrucción. La eliminación de la pesada losa de los estereotipos y los modelos estrechos y nada flexibles. Para ello, ha desafiado dos veces al imperio de Amancio Ortega colocándose a las cabeza de dos peticiones a la multinacional española en menos de cuatro meses. ¿La razón? Simplemente quiere que la empresa comercialice prendas de vestir “para la gente normal, de la calle. ¿Cómo se puede denominar tallas 'gigantes' a las 44 o las 46 que son las que utiliza la gran mayoría?”, dice Anna. 

La primera batalla la ganó.  Pero era más bien una escaramuza. Se trataba de que el fabricante coruñés retirase de una tienda de Terrassa unos maniquíes extremadamente delgados, famélicos y con una apariencia muy poco sana. “Hay que reconocer que es relativamente fácil que quiten dos maniquíes de una tienda local de Lefties. Pero aquello tenía como objetivo dar visibilidad a un problema que es general. Esos figurines de cera simplemente no existen. No son reales. Y ocurre con muchas marcas y muchos fabricantes”, aduce Riera.

                           

         (Imagen del escaparate de la tienda de Lefties en Terrassa que Anna colg-o en sus redes sociales y que causaron su indignación)

¿Cómo acabó la historia de los maniquíes? Inditex comunicó a Charge.org que retiraría los maniquíes y entregaron un escrito disculpándose y asegurando que “la presencia de esas dos figuras era un error en la imagen de la marca”, dice Anna a Qué.es.

En cuanto a la segunda trinchera cavada por esta joven lúcida y obstinada al calor de la primera victoria, Anna cree que aunque las firmas se consigan está por ver que algo se llegue a mover. No parece optimista. “No será fácil. No está yendo mal y las firmas van a buen ritmo, pero nadie se ha puesto en contacto conmigo y soy consciente que la petición que hago ahora es global y supone muchos más problemas. Las marcas del grupo tendrían que revisar sus patrones y tallajes industriales. He chocado con un problema de dinero”.

La idea nació tras un vistazo a la web We lover size en la que cualquier día podemos ver en portada la foto de una chica normal, orgullosa y con curvas y bajo ella una leyenda que dice a las claras: “Me niego a odiar mi cuerpo”. Esa es la clave. Así esta estudiante de la Universidad Autónoma de Barcelona cree que hay que sumar iniciativas en la lucha contra los trastornos alimentarios y la excesiva presión sobre los más débiles. “Y eliminar o al menos limitar de una vez estereotipos de gordo y delgado”, zanja convencida.

Dicho y hecho. En el texto de esta campaña de recogida de firmas se puede leer: “Seguro que alguna vez te has encontrado en la siguiente situación: estás de compras en una de las muchas tiendas de ropa del grupo Inditex (Zara, Bershka, Pull&Bear, Massimo Dutti,… por citar algunas). ¡Qué monada de jersey! ¡Qué vaqueros tan bonitos! Te propones renovar tu armario, pero topas con algo que no esperabas: no hay ni una sola prenda en toda la tienda que sea de tu talla. Te acercas a la dependienta y le preguntas: ¿Perdona, no tenéis tallas más grandes que las que hay en exposición? A lo que ella responde que de esas no se fabrican.

No solo están negando a estas personas el derecho a poder comprar en una de las tiendas más conocidas alrededor del mundo, sino que además están considerando que las tallas grandes no son tallas normales, tallas que puedan comprarse en cualquier tienda de ropa.

Es por eso por lo que hoy vengo a pedirle a Inditex, como podría pedírselo a cualquier otro fabricante de moda, que se conciencie de que una talla 46 no es una talla grande, sino una talla real”.

De este modo, esta joven que, sin embargo, utiliza tallas pequeñas se ha convertido en otro pequeño altavoz para que los fabricantes textiles se muestren más flexibles en los patrones de sus colecciones. “Su influencia en la gente joven es tremenda y muchas amigas mías tienen verdaderos problemas con esta cuestión. Simplemente no es justo”, zanja. 

Con casi 71.000 firmas y a falta de poco más de 4.000 para que se alcance el objetivo marcado, Anna, que no tiene muy claro que su iniciativa sirva para mucho más que para volver a poner el debate encima de la mesa, se siente “orgullosa de poder ayudar a las chicas que se hayan visto afectadas por los maniquíes o por las medidas de las tallas. En cuanto a las marcas, algunas tiene que ser la primera que de una vez rompa con esta forma de actuar y muestre delicadeza”.

Algún día, Anna… No en vano Amancio Ortega es el segundo hombre más rico del mundo con 61.500 millones de euros que aguantarían una apliación del patrón industrial de sus prendas de vestir. ¿No crees?