martes, 11 agosto 2020 12:07

José Antonio Marina defiende el MIR para profesores: “En España hay buenos profesores, pero todos son autodidactas”

Hay muchos padres que están ahora mismo escogiendo centro, ¿qué consejo les daría para tomar la mejor elección?

Lo más importante es conocer el proyecto educativo del centro. Si se puede además hablar con alguien que tenga hijos en el centro, mejor, porque les puede dar una visión muy real.

Usted ha puesto el acento en los profesores en los últimos tiempos, ¿son lo más importante?

Los profesores son el factor más importante de la educación. Son quienes dirigen lo que sucede en el aula. Pero no trabajan aisladamente; los centros que funcionan bien hacen que los buenos profesores sean doblemente eficientes, porque colaboran muy bien y tienen proyectos compartidos. Si en el proyecto educativo está bien tratado el bilingüismo, estupendo. Si está trabajando por proyectos, eso da muy buen resultado.

¿Usted es partidario de esta metodología?

Sí. La metodología por proyectos tiene unas ventajas educativas fantásticas porque interesa mucho a los niños. Da sentido a lo que están aprendiendo. No se dan cuenta casi de que están estudiando: lo que están es haciendo un proyecto que puede ser “a ver si reconstruimos un dinosaurio“, en definitiva, haciendo cosas, les evita esa sensación un poco pasiva del estudiar, de decir 'tengo que meterme esto en la cabeza'. No. Tengo que hacer cosas. Todo lo que sea un aprendizaje activo es fantástico. Si es un centro bilingüe, y si además su proyecto educativo incluye la metodología por proyectos, me parece importante. Hay algunos buenos colegios que introducen la metodología de las Inteligencias Múltiples… algunos lo hacen muy bien, en otros es únicamente el nombre. Lo de los proyectos a mí me parece más fundamental.

¿Sigue pensando que el sueldo de los profesores debería vincularse a una evaluación?

Sí, sí. Se hace en otros países. Lo que pasa es que en España tenemos la idea de que evaluar a alguien es la antesala del castigo; que evaluamos para sancionar. No. Evaluamos porque es la única manera de conseguir progresar. Si no se sabe si estamos haciendo las cosas bien o mal cómo vamos a progresar. Según el estudio Thalis, un estudio de la OCDE hecho en 20 países con profesores de Secundaria, el 40% de los profesores españoles, que es mucho, decían que nunca les había dicho nadie si estaban dando las clases bien o mal. Más del 80 por ciento no había entrado nunca en la clase de un compañero suyo. Con lo cual no tienen ni idea de cómo lo están haciendo. Eso es un disparate, que no es culpa suya, sino del sistema. Los profesores no tienen ni formación inicial de calidad ni formación continua. Y por supuesto que hay muy buenos profesores; pero todos son autodidactas, se lo han tenido que buscar como han podido. La formación es esencial. Y a los profesores buenos hay que premiarlos, porque es lo que se hace para reconocer el mérito.

 Y, ¿cómo se les premiaría?

No supone necesariamente subirles el sueldo. Supone darles por ejemplo algún tipo de ventajas, como excedencias para poder hacer algún tipo de perfeccionamiento. O becas para ir a otras universidades. Cosas que mejoren su propio rendimiento. Para que mejoren el sistema y que al mismo tiempo sea un reconocimiento a su calidad. No pueden tener el mismo estatus los malos que los buenos. Y los buenos tienen que ser una élite, una élite de categoría. Por ejemplo, cuando en el sistema que yo propuse en mi Libro Blanco la formación de los docentes se tenía que hacer en centros de categoría, centros de Primaria o de Secundaria. Esos profesores que estuvieran formando a los demás profesores ¡claro que tienen que tener ventajas! Son los profesores de Primera División y tienen que sentirse como tales reconocidos y respetados. Entre otras cosas se introduce que la carrera docente sea una verdadera carrera docente, no que quien entra en el mundo laboral con la categoría 21 sale con la 21 veinte años después. Eso no estimula mucho a las personas.

Ahora que tarde o temprano tendremos un nuevo Gobierno, ¿cree que este 'MIR de profesores' y esa evaluación que defiende se van a poner en práctica?

Tendrán que ponerse en práctica. Ya lo ha hecho Cataluña. En Cataluña se ha aprobado una evaluación voluntaria; los profesores que lo están haciendo bien pueden solicitarla, y si se demuestra que lo están haciendo bien se les sube el sueldo.

¿Quién se encargaría de hacer esta evaluación? ¿Un inspector?

Tienen que ser los inspectores encargados. Por eso yo también proponía que tenemos que cambiar los servicios de inspección. Tienen que ser los mejores expertos en pedagogía, en didáctica, porque son los que van a tener que aconsejar a los profesores y evaluarlos. No deben ser inspectores generales, sino por ramas: en matemáticas, en lengua… El resto, revisar los papeles, que lo dejarán para subinspectores.

 Hemos hablado mucho de los profesores, pero ¿cuál es para usted la principal asignatura pendiente de los padres?

Las familias tienen dos funciones. Una, educar directamente a sus hijos, lo que los niños aprenden a través de los padres y que es irremplazable. Por ejemplo, la seguridad básica de los niños la enseñan los padres durante los seis primeros años. Punto. Y eso se tiene que ir haciendo a todo lo largo del proceso. Con los niños parece más fácil. ¿Cómo se hace con los adolescentes? También tienen su función, que tienen que hacer ellos. La segunda cosa es que tienen que colaborar con la escuela porque los dos estamos trabajando en el mismo sentido, si unimos nuestras fuerzas será muchísimo más eficaz todo. Pero volviendo a lo que hacen los padres, en cada momento del desarrollo del niño tienen una función y tienen que ocuparse de algún tema de especial importancia en ese momento del desarrollo.

¿Es en la adolescencia cuando surgen más problemas?

Los padres están muy preocupados por los niños en general los primeros años; sobre todo si son novatos. Luego hay años que para los padres son de tranquilidad, durante los últimos cursos de Primaria, 10,11, 12 años, que son importantísimos porque sirven para prevenir ciertos problemas que pueden surgir durante la adolescencia. Pero en la Universidad de Padres tenemos una visión optimista; ahora empezamos un curso, 'El talento adolescente', que trata de este asunto. En la adolescencia se rediseña por completo el cerebro del niño, y es el momento en el que se consolida el talento. De 13 a 18 años los cambios que hay en el cerebro son espectaculares, tienen que sacar el carné de conducir de su propio cerebro. Es lo que hacemos: enseñarles cómo pueden pensar mejor y sentir mejor, y actuar mejor: luchar contra el miedo, contra la presión del grupo, contra el desánimo… En definitiva, cómo se puede ser más libre.

¿Cómo define usted el talento?

El talento es el buen uso de la inteligencia. Un niño puede tener altas capacidades, y si no aprende a manejar esas capacidades no le sirven para nada. Está al final de la educación, no al principio. Los niños nacen con unas capacidades que son solo una posibilidad. La educación lo que tiene que hacer es convertir esas posibilidades innatas en talento, enseñando al niño a emplearlas bien.

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