Compartir

Cada mujer menstrua una media de 35 años, con 12 o 13 menstruaciones cada ejercicio fiscal. A un precio medio por paquete de tampones o compresas de 3,50 euros el resultado es claro: 1.610 euros que son absolutamente imprescindibles para la higiene íntima de cualquier mujer a lo largo de su vida por el hecho diferencial e insalvable de la menstruación. Es una carga de género que, además, no supone lo mismo para una mujer que ingresa a partir de 50.000 euros que para una parada. Y las dos pagan lo mismo. Puede que a muchas personas -mujeres incluidas- no les parezca mucho, pero es un dinero que enoja más por la injusticia que subyace en el caso que por el montante global del coste de 'ser mujer'. Además, en un contexto de crisis económica profunda del que aún pugnamos por salir, cualquier ahorro es mucho. 

Según un informe de la consultora IRI, por ventas de este tipo de artículos se facturan en nuestro país unos 287 millones de euros. Y, por supuesto, las compresas son el el producto de higiene femenina estrella con un volumen de ventas de 150,3 millones de euros.

En España se aplica un IVA del 10% a los tampones y compresas, mientras que en otros países el tipo se ha reducido al mínimo permitido por la UE. Y fuera de nuestro entorno, otros los liberaron de cualquier carga impositiva. ¿Supondrá mucho dinero menos para las arcas estatales? Si se redujera esta tasa de los productos de higiene femenina al 4%, el tipo supereducido en España, solo se dejaría de ingresar un 0,027% por este impuesto. Unos 17 millones de los 62.000 que el Gobierno pretende recaudar en Valor Añadido en 2016. No parece mucho. El principal freno, al margen de la incomprensión o el 'muro mental' que impide ver este cuestión como una profunda desigualdad de género, reside en el hecho de que en la UE el IVA mínimo legal es del 5%. Por debajo de esta cifra se tiene que abrir un proceso especial en Bruselas. O sea, burocracia.

Y en ese contexto conviene tener en cuenta la realidad. Primero, todos los productos femeninos íntimos o de higiene como geles, cremas, toallas, soluciones y duchas vaginales están gravados con IVA del 21%. La inercia de los tiempos acompaña. Además, periódicamente, desde Bruselas, se sugieren -o directamente se aprueban- nuevas subidas del IVA para los sectores farmacéutico o médico, como ocurrió ya con el IVA reducido que creció en su último movimiento de un 8% a un 10%.

Pero algunos expertos tienen algunas dudas al respecto de la baja del IVA que se propugna. Es el caso de Paloma de Vilorta, catedrática de Economía en la Universidad Complutense de Madrid y experta en políticas fiscales y de género. En su opinión, no se debe hacer política social desde el lado de la recaudación. Por sentido común y porque genera injusticias. “Yo defiendo esas políticas sociales desde el lado del gasto. ¿A qué me refiero? Pagan lo mismo por sus artículos de higiene una multimillonaria que una desempleada. Y por el contrario, yo creo que se puede hacer política de género junto a una política fiscal más progresiva. ¿Por qué no bajar el IVA sobre estos productos a un tipo intermedio del 7 u el 8%, por ejemplo, y dispensar gratuitamente los mismos artículos a través de los consultorios de la sanidad pública a mujeres por debajo de cierto nivel de renta? Estoy hablando de equipararlo a la forma en que se dispensan los medicamentos a los enfermos crónicos o pensionistas”.

El caso es que una campaña en Change.org firmada por la periodista de la Cadena SER Celia Blanco, pretende concienciar a nuestros políticos  para que no sigan subiendo los impuestos de productos tan necesarios como estos. Más bien todo lo contrario, que apliquen los tipos más bajos de sus respectivas fiscalidades nacionales. Hablamos de una campaña que tiene dimensión global pero que en España tiene un alcance discreto como se demostró en campaña electoral, donde no tuvo casi ningún eco. Solo el candidato de IU, Alberto Garzón, contestó y apoyó la iniciativa 'on line'. Defendió el argumento en sus cuentas de las redes sociales e incluso llegó a mencionarlo en alguno de los debates a los que acudió. Aquello le costó no pocos ataques además de sonadas 'ciberchirigotas'. Pero siempre defendió que la medida que se reclama ahora lleva incluida en sus distintos programas electorales desde 2011.

Son lugar común chistes como el que recorrió España después de que Garzón defendiese públicamente la propuesta aludiendo, directamente a la Viagra. Un típico comentario que siempre es aplaudido y jaleado en la calle. ¿Al fin y al cabo no hay personas que se gastan mucho en otras cosas? ¿Y los medicamentos? Poca gente tiene en cuenta que este impuesto sobre productos muy particulares 'castiga' solo a la mitad de la población. Y es por razón de género…

Celia Blanco, en algunas entrevistas, expresó su decepción respecto al escaso éxito obtenido por la iniciativa que encabeza entre los partidos políticos. “Esperaba que Podemos respondiera”, pero la formación de Pablo Iglesias no se ha pronunciado. ¿Y sobre los demás? “Pensaba que el PSOE respondería, pero del PP y de Ciudadanos me lo esperaba”, sostiene la propulsora de la campaña, que asegura que estos dos últimos partidos “no se preocupan mucho por las mujeres”. Blanco, finalmente, consideró que aquel silencio refleja que “todavía hay muchos políticos que se niegan a pronunciar la palabra 'menstruación'”

La organización de consumidores Facua, por supuesto, coincide en las reclamaciones y así lo recuerda desde antiguo.  Su portavoz Rubén Sánchez lo tiene claro: “Son artículos de primerísima necesidad. No es algo de lo que se pueda prescindir, es una necesidad sanitaria e higiénica”. En su opinión, casi todos los partidos miran hacia otro lado era abaratar este gasto: “La excusa es que Bruselas no lo permite, pero el futuro Gobierno debería plantearlo”

¿QUÉ NOS HACE DIFERENTES? 

¿Qué está ocurriendo en otros países? En Canadá, desde el mes de julio, los tampones, compresas y copas menstruales son artículos exentos de impuestos. La medida fue aprobada por el gobierno -conservador en aquel momento- y promovida por todos los partidos.

En el Reino Unido, donde el impuesto es del 5%, no del 10% como en España, una campaña con 300.000 firmas en change.org ha hecho que el gobierno de Cameron se comprometa a destinar el dinero que se recauda con ese impuesto a proyectos sociales de apoyo a mujeres. Y en Francia el IVA que grava los productos de protección sanitaria femenina se va a bajar al 5,5% desde el 20% anterior. La medida fue aprobada a pesar de la negativa inicial del Gobierno. El primer ministro galo Manuel Valls defendió que si “el parlamento quiere bajar el impuesto, el Gobierno no se va oponer” y aseguró que habían “encontrado el dinero para financiar la medida”.

La catedrática De Villota tiene alguna objeción al respecto: “Si observamos el color de los gobiernos que aceptan la medida, todos son liberales o social liberales. Con esta medida mantienen sus promesas de bajada de impuestos y, además, presumen de sensibilidad social y de políticas de género. En Dinamarca casi nada se escapa del tipo de IVA general del 21%, pero luego el gobierno tiene una política social y de género aún más avanzada”, asegura.

                              

COSAS QUE CAMBIAN Y QUE NO CAMBIAN EN EL MERCADO

La crisis y el precio de estos artículos de higiene femenina ha provocado por ejemplo, que lo usos y las costumbres de las españolas cambien y productos mucho más baratos como las copas vaginales sean cada vez más demandados. Sus usuarias empiezan a ser legión. Su uso es sencillo y la principal ventaja es su precio, que oscila entre los 15 y los 30 euros. Antes de utilizarla, se hierve en agua tres minutos y se introduce con las manos completamente limpias. No tiene por qué estar tan arriba como un tampon y después de usarse (y tirar su contenido por el inodoro), se vuelve a limpiar con facilidad. Se puede dormir con ella y dura años.

A pesar de que su aparición se remonta a los años 30 en EEUU, en España todavía están dándose a conocer. ¿La razón? No es descabellado pensar que la industria no hace una apuesta decidida pro un cambio de hábitos y por lanzar alternativas con promociones adecuadas. Y puede que a las compañías que comercializan estas copas tampoco les salga rentable publicitarse en exceso. Parece que es mejor no hablar de menstruación. O hacerlo poco. O con anuncios ñoños y un tanto absurdos. 

Los otros productos, como las compresas reutilizables o las braguitas absorbentes, son una inversión a largo plazo ya que el desembolso inicial es más grande que en el caso de la copa.