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En 1916, Albert Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales, es decir, las ondulaciones y variaciones que se producen en el espacio-tiempo. Este jueves, un grupo de científicos del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitaciones (LIGO) ha confirmado, un siglo después, dicha existencia.

Según los primeros datos ofrecidos por LIGO, el pasado mes de septiembre se cazó el choque de dos agujeros negros, situados a más de 3.000 kilómetros el uno del otro. La señal procedía de una fusión que tenía más de 1.300 millones de años de antigüedad y con cuerpos que tenían una masa de más de 30 veces que el Sol.

Este descubrimiento supone un punto y aparte en el mundo de la astrología, el cual cambia por completo, ya que hasta el momento era imposible conocer con exactitud las repercusiones que tenían estas ondas. Los ordenadores permitían hacer simulaciones que reproducían la ley de la relatividad, contando eso sí con algunas vaguedades.

El nuevo hallazgo permitirá comprobar “cómo se forman los agujeros negros, cuántos hay y determinar el ciclo de vida de las estrellas y del universo.