viernes, 14 agosto 2020 16:53

¿Qué pasa con los perros cuando mueren?

Comparten con nosotros muchas cosas, muchos años, pero menos de los que nos gustarían. Es injusto, pero se van demasiado pronto. Perros, gatos, conejos… Da igual el tipo de mascota, todas logran crear un vínculo especial con los dueños y formar parte de la familia, o lo que es lo mismo, ser 'uno más'. Sin embargo, cuando fallecen no se sabe muy bien qué hacer con ellas. 

Enterrarles en el campo o en el jardín de una casa está totalmente prohibido por cuestiones legales y sanitarias, a pesar de que sea una opción muy frecuente para muchas personas. Desde la clínica veterinaria te dan a elegir entre la incineración colectiva y su posterior traslado a una fosa común, normalmente de forma gratuita, con sus respectivos trámites, o elegir entre una cremación individual o enterramiento en lugares habilitados para ello. Ahí es cuando entran en juego los sentimientos. 

Muchas lágrimas se han derramado, y se siguen derramando en Cremascota. Todos los que pasan por allí cada día desde hace cuatro años han perdido a su animal más querido y han decidido despedirse de él de una forma muy íntima y personal: velándole y llevándose las cenizas a casa. Una opción que cada vez tiene más y más demanda. 

El crematorio de mascotas de Alcorcón (Madrid) recibe al día entre dos y cinco animales de la comunidad de Madrid, alrededores y ciudades cercanas (Toledo, Ávila, Segovia…), cifra que puede llegar a aumentar en la época veraniega, al igual que pasa con las personas. Por allí también pasan los familiares que quieren darles su último adiós de una forma “especial” y muy particular. “Son de la familia, pasan con ellos todo el día, comparten cosas juntos. Nosotros les damos un apoyo psicológico, nos sentimos identificados con ellos, es una forma de mostrarles respeto también a los animales”, cuenta Raquel Lázaro, la fundadora de esta empresa familiar junto a sus dos hermanos. 

Ellos son los encargados de sacarles de la bolsa, prepararles en una mesa forense, lavarles y “ponerles guapos” en una salita en la que se puede ver al perro o al gato tumbados con un cojín, con rosas a su alrededor, para que sus dueños puedan despedirse. “Como si estuvieran dormiditos”, comenta Sergio, otro de los hermanos. 

El momento más duro llega con la incineración. “Les llevamos, si ellos quieren, a que vean cómo metemos a su mascota en el horno por si alguien que pueda pensar que les damos las cenizas de su perro y de otros tantos más, como hacen en otros sitios. Les damos garantía total de que solo está el suyo”, explican los dueños del crematorio. 

EL COSTE DE LA INCINERACIÓN

“Un San Bernardo puede llegar a costar, con todo incluido, unos 340 euros, mientras que un gato o un perro más pequeño unos 235, más o menos”, apunta Raquel. Y es que en el 'todo incluido' entra el transporte de la recogida de la mascota, en casa o en el veterinario, el velatorio, la urna estándar y, si no desean acudir hasta allí, se lo llevan hasta sus casas sin coste adicional. 

Las cajas para las cenizas son de lo más curiosas y originales. Dos se ofrecen para todos los animales que pasan por allí, pero también hay posibilidad de elegir en un catálogo algunas más personalizadas en forma de gato en distintos colores, o con marcos de fotos para que se pueda poner la imagen del mejor amigo. Y, por supuesto, los relicarios o colgantes para llevar “unas pocas cenizas” siempre con ellos. Para todos los gustos. 

Todo depende del peso de la mascota, el tipo de urna que se prefiera y, por supuesto, del tipo de animal. Porque, aunque lo más común sean perros y gatos, los animales exóticos también se pueden incinerar. “Hemos tenido algún periquito, conejos, hurones, y algunos animales más raros como iguanas o un cerdo vietnamita”, comentan Raquel y Sergio. 

ENTERRAR A TU MASCOTA… EN UN CEMENTERIO 

Asunción Padró y su familia tuvieron una perra durante 24 años, la querían “con locura” y cuando falleció no querían desprenderse de ella “tirándola a la basura”, así que su padre la enterró en un campo cercano a su casa. Ni tres meses pasaron cuando anunciaron que iban a edificar la zona, todo un jarro de agua fría para ellos. Tuvo que correr para desenterrarla porque, evidentemente, estaba prohibido y llamó a un amigo suyo para poder darle cobijo debajo de sus naranjos. Ambos se dieron cuenta del problema que existía después de la muerte de su mejor amiga y decidieron montar el cementerio de mascotas de Barcelona, 'Cementeri des petits animals', que desde 1972 acoge a todo tipo de animales: perros, gatos, cobayas… e incluso un pato. 

Está situado a 15 kilómetros de Barcelona, aunque Asunción, hija del dueño y responsable del lugar, dice que la lejanía no es ningún problema para que los dueños vayan a visitar a sus seres queridos. “Ponemos un autocar el primer domingo de cada mes y la gente va, y sino en coche. Cada día tenemos visitas. Es un espacio muy agradable”

Tan solo se requiere que el Ayuntamiento selle el certificado del veterinario de que el animal no ha muerto por una enfermedad infecto-contagiosa. Pero, ¿qué es más caro, incinerar o enterrar? “El precio de los nichos va desde 99 euros hasta 119, varía según la situación que se prefiera dentro del cementerio, pero también damos la posibilidad de que tengan una fosa, que son unos 149 euros. Y, como con las personas, para su mantenimiento se pagan 65 euros al año o 10 si el animal es pequeño”, explica Asunción. Aun así, quiere aclarar que “dá para tener un empleado y poco más, no me gano la vida con ello”

En las placas se pueden poner los nombres, la fecha de su nacimiento y defunción, e incluso hay quienes escriben poemas “maravillosos”. Eso sí, los objetos y motivos religiosos están prohibidos “para no herir sensibilidades”, recalcan desde el cementerio barcelonés. 

¿DEMASIADO PARA SER UNA MASCOTA?

Silvia y Freedi son una pareja joven, padres de un niño pequeño, y acaban de perder a Turco, el bulldog francés que les ha acompañado durante ocho años y medio, una edad avanzada para esta raza de can. Ellos han decidido velar su cuerpo e incinerarle “porque vivimos de alquiler, estamos en continuo movimiento y no queremos que esté lejos de nosotros. Esparciremos sus cenizas en una finca”

Seguramente haya alguien que no pueda entender todo esto, ni una cosa, ni la otra. ¿Por qué gastarse tanto dinero?, ¿para qué quieren sus cenizas? 'Tan solo es un perro', he llegado a escuchar muchas veces. “Se lo merecen más que muchas personas. Es cuestión de tener sentimientos”, dice convencido Freedi con lágrimas en los ojos. 

“Si hay quien no entiende por qué se gastan el dinero en esto, yo tampoco entiendo por qué hay gente que se lo gasta en ver la Fórmula 1 o en ir a los toros. Eso solo les pasa a los no tienen mascotas, o las tienen y no las escuchan”, sentencia Asunción Padró, la dueña del cementerio de Barcelona.

En Cremascota hasta tienen un libro donde la gente escribe dedicatorias a sus animales fallecidos tan emotivas que dice Silvia que “si las lees, lloras”. Algunas de ellas también se pueden encontrar en su página web y la verdad es que llevan razón. Se supera, pero nunca se les olvida.