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Estamos en los confines de la lepra. Un lugar que antes fue maldito. Una muralla de tres kilómetros de largo, tres metros de altura y 50 centímetros de ancho fue levantada en 1923 para acallar los temores de los vecinos de pueblos aledaños: creían que los gérmenes de la lepra que trasladaba el viento dañaban sus cosechas. En contra de la creencia popular la lepra presenta un escaso contagio.

Abilio, 73 años y natural de la zona, conoce desde su infancia esta muralla y lo que es la enfermedad de Hansen (lepra).Con la seguridad del que se sabe curado desde hace muchos años se deja fotografiar y cuenta de un tirón su historia: “Mi abuelo vino a Fontilles en el año 1951, y mi madre en sus visitas le cogía la medicina para que yo también las tomara porque me salieron manchas.A los 13 ya trabajaba en la obra y “caí enfermo con mucha fiebre”-

Empezó entonces un peregrinar de médicos que no daban con la dolencia, y la madre callaba para evitar que su hijo sufriera el estigma que aún hoy persiste, a pesar que existe un eficaz tratamiento.

Con 16 años fue ingresado en Fontilles, asegura que se curó pronto y se volvió al pueblo, se sacó el carné de conducir y tuvo camión propio. Se casó con una turista alemana, con la que tuvo un hijo, y le ha dado un nieto. “Las pasadas Navidades se murió la mujer, y para no estar solo me vine a Fontilles”. Hoy busca novia: “Ponme en el facebook a ver si encuentro esposa y te invito a la boda”.

Otra paciente se llama Encarnación, pero es un nombre ficticio. No quiere fotos, no es un problema de timidez y sí del incomprensible estigma que todavía hoy pesa sobre las secuelas de su enfermedad. Natural de Jaén, es uno de los 29 pacientes con secuelas que aún residen en el Sanatorio de Fontilles.

A Encarnación, de 88 años, le dejó su novio cuando supo de su dolencia. Guapa y coqueta, en Fontilles volvió a encontrar el amor y se casó con un hombre que acabó sus días en silla de ruedas. “Está enterrado aquí. Deseo morir para ir con él”.

No quiere que los vecinos de la ciudad en la que reside a temporadas, junto a su hermana, sepan del transcurrir de sus días en este centro de referencia nacional e internacional, a cuyo laboratorio llegan las muestras de toda España y donde también se analizan algunas de aquellos países de Asia , Africa y América donde trabaja la Fundación Fontilles.