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Mario Villar

Naciones Unidas, 27 ene (EFE).- La desaparición de personas es un “problema global”, marcado en buena parte por la impunidad y ante el que la comunidad internacional debe impulsar la cooperación y la justicia.

Esas fueron, a grandes rasgos, las conclusiones de un encuentro informal celebrado hoy por el Consejo de Seguridad de la ONU, en el que se abordó por primera vez esta cuestión y en el que participaron tanto Gobiernos como expertos nacionales e internacionales.

Según datos de Naciones Unidas, en el mundo hay por lo menos unas 40.000 personas desaparecidas a causa de conflictos, desastres, crimen organizado o migraciones, entre otros motivos.

El problema va desde quienes desaparecen en México por la actividad de los cárteles del narcotráfico a las mujeres secuestradas por el Estado Islámico en Irak, pasando por personas desaparecidas en guerras como la de Siria o cuando trataban de emigrar a otro país.

“El fenómeno es claramente internacional”, señaló el alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad al Hussein, que defendió la importancia de tomar medidas de forma inmediata.

“Se necesitan legislaciones apropiadas y marcos adecuados en los procesos de desaparición. Los mecanismos para aclarar el destino de los desaparecidos deben ser transparentes y no politizados y las necesidades de los desaparecidos y sus familias deben estar en el centro de cualquier acción”, resumió.

Zeid consideró “vital” garantizar investigaciones y terminar con la impunidad. “Las víctimas tienen derecho a la justicia. No podemos ser complacientes en nuestra determinación de determinar qué ha ocurrido. Ninguna circunstancia (…) puede justificar las desapariciones forzosas”, insistió.

“Alrededor del mundo hay hoy millones de familias que desconocen el destino de algún ser querido desaparecido y esto supone millones de razones para el miedo, la ira y la alienación”, dijo el presidente de la Comisión Internacional sobre Personas Desaparecidas, Thomas Miller.

La organización, creada originalmente para abordar las desapariciones en la guerra en la antigua Yugoslavia, ha trabajado en los últimos años en lugares como Chile, Colombia, Libia, los países asiáticos afectados por el tsunami de 2004 y Estados Unidos tras el huracán Katrina.

“De Sri Lanka a México, de Burundi a Irak o Pakistán, resolver números significativos de desapariciones es un requisito para el progreso social y político”, defendió hoy Miller, que subrayó la cooperación internacional como un elemento clave.

La utilidad de esas colaboraciones la confirmó la activista mexicana Consuelo Morales, presidenta de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC), y que lleva años trabajando para responder a las miles de desapariciones que se registran en el país.

Morales explicó ante el Consejo de Seguridad los progresos logrados en el estado de Nuevo León gracias a la ayuda internacional y a la cooperación de organizaciones civiles, familias y autoridades.

Pese a su mensaje optimista, recordó que las desapariciones continúan golpeando a México y que en la mayoría de los casos tienen lugar en medio de una total impunidad.

Mientras, el comisario nombrado por el Gobierno italiano para las personas desaparecidas, Vittorio Piscitelli, puso sobre la mesa el drama cada vez mayor de las desapariciones vinculadas a la migración y los problemas que su país tiene, por ejemplo, para identificar a los inmigrantes que fallecen en el Mediterráneo.

“Debemos asumir la responsabilidad como Gobiernos y hacer la migración más segura”, admitió Piscitelli. EFE

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