miércoles, 23 septiembre 2020 12:01

SOS Desaparecidos: la eterna espera de un reencuentro

El 28 de octubre de 2015 Joaquim Amills, presidente de SOS Desaparecidos, recibió en su móvil un mensaje esperanzador. Un voluntario le informaba de que en un bosque de la Toscana se había encontrado a un ermitaño que mostraba documentación española. Rápidamente se pusieron en contacto con la Asociación Penélope, una organización italiana que aglutina también a familias de desaparecidos. “Consiguieron la información de los Carabinieri. No figuraba ni en la Interpol ni en los listados de desaparecidos. Pero pudimos localizar el certificado defunción en España y a una hermana suya. Hablé con ella para transmitirle que existía la posibilidad de que fuera su hermano“.

Así era. Carlos Sánchez Ortiz de Salazar, desaparecido hacía 17 años en Cazalla de Sierra (Sevilla), fue identificado a través de unas fotografías por sus padres, que decidieron viajar a Italia para buscarlo. “Él nunca ha llegado a saber que su familia ha estado allí. Fue una locura. El pueblo estaba invadido por periodistas. Hoy seguimos pendientes de cualquier noticia“.

UNA BASE DE DATOS ÚNICA

La relación con los medios de comunicación y el tratamiento de los casos en la prensa es solo uno de los problemas a los que se enfrentan las familias de desaparecidos. El pasado 19 de octubre las asociaciones reclamaron en el Parlamento Europeo un protocolo unitario. El 27 y 28 de noviembre se reunieron en Úbeda y Baeza en el I Foro Europeo de Familias de Desaparecidas para dejar claras sus reivindicaciones.

La primera es información pública, clara y transparente. Se sabe que en España se tramitan en torno a 30.000 denuncias anuales por desapariciones. Pero no hay datos oficiales sobre desaparecidos, ni una base de datos que centralice la información y permita ver tendencias y perfiles y acceder a las asociaciones. “Si hubiera una base de datos única para todos los cuerpo de seguridad su labor también sería más fácil“, apunta Amills.

En este sentido, el documento firmado por las familias en Úbeda y Baeza es muy duro. En él las aseguran “haberse sentido desatendidas, humilladas, perplejas, solas, desprotegidas, decepcionadas, maltratadas y, en ocasiones, víctimas, al enfrentarse al trance de denunciar la desaparición de un ser querido ante las instancias oficiales“.
Y reclaman en primer lugar “que las cifras se vean reflejadas en el Instituto Nacional de Estadística y Eurostat, donde – con las debidas protecciones legales – se deposite la información disponible por parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado“.

No es que tengamos malos profesionales en la calle, al contrario, a veces comparten la rabia, la impotencia y hasta las lágrimas“, puntualiza Amills, pero insiste en que “faltan recursos y protocolos de actuación“.

3 DESAPARECIDOS AL DÍA EN ESPAÑA

Unas declaraciones del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en 2013, quien apuntaba que se resuelven el 92% de los casos denunciados, permite a las asociaciones sacar conclusiones: 800 casos al año sin resolver, 3 personas al día.

Aunque los perfiles y las circunstancias de las personas desaparecidas son muy variables, se aprecia un incremento preocupante en los últimos años en las desapariciones de mayores de 70 años. “En muchos casos las personas son localizadas sin vida transcurridos tres o cuatro días y a una distancia mínima de su casa o último lugar donde se le vio por última vez (entre 2 y 4 kilómetros)“.

Por ello creen las asociaciones que debería haber una comisión de carácter multidisciplinar integrada por cuerpos de seguridad, asociaciones de ayuda a enfermos de alzhéimer y asociaciones de desaparecidos.

Otro colectivo que preocupa es el de los menores. De los 387 casos de desaparecidos que SOS Desaparecidos tiene constancia este año, 87 son menores. Se reclama en este sentido la puesta en marcha de la Alerta del Menor Desaparecido. “Se anunció que entraba en funcionamiento hace un año y medio y hasta la fecha no ha sido activada ninguna alerta a pesar del gran número de desapariciones de menores calificadas como de alto riesgo o inquietantes“.

EL DOBLE DRAMA DE LOS FAMILIARES

Los familiares de las personas desparecidas no solo padecen la desatención o ineficacia de las autoridades, o la angustia de no saber qué ha sido de sus seres queridos. A la incertidumbre, la impotencia o incluso el sentimiento de culpa se unen situaciones cotidianas acuciantes.

A menudo desaparece el sostén de la familia. He conocido mujeres que de pronto a los 47 años se han tenido que poner a trabajar de lo que sea para sacar adelante a sus hijos“.

Cuando una persona desaparece físicamente, sigue sin embargo existiendo jurídicamente. No se puede mover su coche. Ni acceder a sus cuentas. Le siguen pasando la letra de la hipoteca. A menudo la familia tiene que hacerse cargo de sus deudas. A menudo eso es un drama.

Las asociaciones creen que deberían articularse ayudas sociales para estos casos. Y es que la única 'salida' posible es obtener el certificado de defunción del desaparecido, un trámite que implica un gran desgaste psicológico y para el que además han de transcurrir diez años desde la última pista del desaparecido. También es un trámite costoso, de 1200 a 1600 euros, muchas familias no se lo pueden permitir“.

NO HAY QUE ESPERAR A DENUNCIAR

Para Amills es muy importante desterrar la idea extendida de que hay que esperar a denunciar. Ni cinco días, ni 48 horas. Sea cual sea la edad de la persona si hay cualquier indicio de que ha desaparecido hay que denunciar, insiste.

Al parecer, antes sí existía esa limitación en el pasado, pero la experiencia ha demostrado que las primeras horas son cruciales en estos casos.

Por supuesto, también es importante la máxima divulgación a través de medios de comunicación y asociaciones de desaparecidos.

Hoy por hoy estas organizaciones hacen una labor inestimable. Máxime dadas las limitaciones de la Administración. “Como no existe un protocolo, la atención o la información que te den depende mucho de quién te toque“, resume Amills.

En el caso concreto de SOS Desaparecidos, una organización con presupuesto 0 que cuenta con una red de 90.000 voluntarios en España y en el extranjero, han colaborado en la resolución de 30 casos este año. Entre ellos la de Carlos Sánchez Ortiz de Salazar, de quien todavía tienen esperanza de tener nuevas noticias.