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“Antes morir con un cuerpo de princesa que vivir con sobrepeso, porque las personas con sobrepeso no tienen lugar en esta sociedad”.

Es el lema de una página Pro-Ana, una de esas páginas que definen la anorexia o la bulimia como un “estilo de vida”, como una opción de rebeldía frente a un mundo adulto que no entiende. Uno de esos sitios que proliferan en Internet en España y que proporcionan consejos como masticar hielo cuando se tenga hambre, o comprarse ropa varias tallas más pequeñas y torturarse intentando probársela. “Tú no tienes hambre, hambre es lo que tienen en África”, se dicen.

Lídia Amella encontró un día un vómito de su hija. Tenía 13 años y en dos meses había perdido 14 kilos. “Me di cuenta pronto, era muy evidente”. Cuando habló con ella, la niña le confesó que había buscado en Internet 'cómo vomitar fácilmente'. “Ella nunca había estado enferma, no sabía ni cómo vomitar”.

Cuando Lídia Amella vio el resultado de esta búsqueda en Google se quedó estupefacta. Desde la pequeña pantalla de su móvil (no tienen ADSL) pudo acceder a decenas de páginas y blogs en las que se decían barbaridades. Cosas como “si sucumbes a la tentación de comer, autolesiónate”.

Se escandalizó. Y su escándalo fue aún mayor cuando se enteró de que aquí en España difundir este tipo de mensajes es legal. O al menos no está prohibido. No se puede hacer nada.

“Yo no soy jurista, pero sé que si se pueden cerrar páginas de descargas de películas, u obligar a retirar contenidos como la pornografía infantil, es posible obligar a retirar también las páginas que empujan a los adolescentes a graves enfermedades como la anorexia y la bulimia”, argumenta.

UNA LANZADERA PARA LA ENFERMEDAD

Lídia Amella subraya que estas páginas no son “el origen” de la enfermedad, pero sí una lanzadera para que alguien que empieza a flaquear pueda caer en el pozo más y más rápido. “Aumentan su información para que pueda enfermar”, subraya también Montse Sánchez, directora del Instituto de Trastornos Alimentarios (ITA), un centro de referencia en España.

Además, según datos de la Agencia de Calidad de Internet (IQUA) el 75% de los usuarios de estas páginas son menores de edad, muchos de ellos adolescentes, la edad típica en la que se manifiestan este tipo de trastornos. 

En este sentido señala Sánchez que “estas páginas lo que hacen es atrapar al adolescente en una identidad, son jóvenes que a menudo han quedado fuera del grupo normalizado y encuentran aquí su identidad, es una tribu para ellos en la que se sienten seguros”.

LA BATALLA LEGAL

Convencida de su causa, Lídia Amella puso en marcha una petición en Change.org dirigida al ministerio de Justicia. Hoy, un año después de su puesta en marcha, cuenta con el apoyo de cerca de 250 mil personas. Muchas ellas afectadas, o familiares de enfermos de quienes ahora se siente responsable. “Hay muchas voces… no se pueden quedar ahí”.

Se refiere Lídia a su empeño por seguir luchando tras la derrota de lo que podría considerarse su primera batalla legal: mientras ponía en marcha la petición online esta madre se puso en contacto también con políticos y partidos. Una senadora de UPN, Amelia Salanueva, se interesó especialmente por el tema y su grupo redactó una enmienda que debía incluirse en el Código Penal para perseguir la incitación a la anorexia y la bulimia con penas de cárcel y multas.

El pasado 11 de marzo la enmienda fue rechazada con los votos del PP y PSOE. A Salanueva le sorprendió el resultado: “Pensábamos que podía salir, que el PP votaría a favor”. Nadie dio ningún motivo en contra (el debate quedó diluído en el maremágnum del Código Penal). Salanueva piensa que, aunque a título personal muchos senadores se mostraban favorables, en los partidos y el Ministerio de Justicia les pareció excesiva.

La respuesta de Lídia Amella ese día fue rabiosa: “Animo efusivamente a todos aquellos que hoy han votado en contra de la enmienda a que consulten diariamente las plataformas proana y promía, a que sigan sus tips al pie de la letra, mastiquen un hielo cuando sientan hambre, si sucumben a la tentación de comer se autolesionen en el estómago y si en un mes no consiguen un índice de masa corporal de 15 (siendo generosa), se suiciden”.

¿Y AHORA QUÉ?

Más allá del debate en torno a la dureza las penas, la idea de perseguir la incitación a estas conductas no es nueva. En Francia la difusión de este tipo de mensajes está perseguida desde 2008. En Italia están preparando ya las modificaciones legales para poder atajarlo.

Lídia Amella no acierta a comprender la negativa de los políticos a abordar el problema, e incluso llega a especular con que “hay intereses detrás”. Pero tiene claro que lo seguirá intentado: “Si inicié esta campaña es porque no quiero que ningún otro padre y madre de España tenga que enfrentarse a la impotencia de no poder hacer nada para evitar que sus hijos accedan a páginas pro ana y pro mia. No voy a parar hasta que sean declaradas ilegales”.

En este sentido, espera que con la renovación de las instituciones y la entrada de nuevos partidos sus demandas puedan retomar fuerzas: “En la próxima legislatura se abre una nueva oportunidad”.

Mientras se deciden o no nuevos marcos regulatorios, se han intentado algunas alternativas para anular su influencia: en 2008 la campaña 'posiciona contra la anorexia' utilizó palabras clave para posicionar enlaces en los principales buscadores a páginas que alertaran sobre los peligros de la anorexia o la bulimia. La campaña tuvo éxito, pero solo un tiempo. No ha podido contener la proliferación de nuevas webs y blogs.

UN PROBLEMA CRECIENTE

Los trastornos alimentarios no siempre reciben la atención que merecen. Tampoco se hacen estudios epidemiológicos que permitan seguir su evolución de una manera fehaciente. Y, sin embargo, los expertos coinciden en que este tipo de problemas va a más: “Nosotros tenemos un aumento claro en las visitas, hace unos años recibíamos 10 primeras visitas la semana, ahora son el doble”, explica Sánchez.

Los estudios disponibles cifran la incidencia de los trastornos alimentarios en torno a un 8-9 por ciento de los adolescentes, un 0,9% anorexia nerviosa, 2,9% bulimia nerviosa y 5,3 con trastornos alimentarios no identificados. “Las campañas de prevención se tienen que seguir haciendo, pero son difíciles y tienen poca incidencia”, se lamenta Montse Sánchez.

La mayor ventaja de estas campañas es que permiten detectar casos en sus primeras fases, algo muy importante para la curación. Frente a la idea de que el enfermo lo es toda la vida, Sánchez destaca que “sí se puede curar, y el momento de intervención es esencial”.

Estamos todavía comenzando a comprender qué son y cómo evolucionan este tipo de trastornos. Cómo se metamorfosean y campan en la Red. En los últimos tiempos en las webs pro Ana y pro Mía, esas en las que se llaman 'príncipes' y 'princesas', han acogido a una nueva 'amiga': Alisa.

El nombre procede de la unión de las palabras 'alimentación' y 'saludable' y se refiere a las personas obsesionadas con la comida más sana. Las 'Alisa' se han sumado a los 'tips', las carreras de kilos, las prácticas para engañar a los padres… Padres y madres como Lídia Amella, que lo pasan casi tan mal como los propios enfermos.

La hija de Lídia ya tiene 15 años y está mejor, pero desde el otoño pasado se encuentra ingresada en ITA, de donde solo sale algunos días de permiso. Lídia, que ahora está escribiendo un libro para contar su experiencia, se ha cogido una reducción de jornada. Para poder cuidarse a sí misma y dedicar tiempo a la campaña. También para poder comer con ella en esos días libres: “No puedo dejarla sola”.