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El primer caso de difteria detectado en España desde 1987 ha generado alarma en la sociedad por tratarse de una enfermedad que se creía extendida en nuestro territorio por el uso de las vacunas. Sin embargo, el caso del pequeño de seis años ha sorprendido a la inmensa mayoría que nunca había oído hablar de la afección o apenas la recordaban. Es necesario por eso explicar qué es la difteria y cómo se transmite.

La difteria es una infección aguda causada por la bacteria denominada Corynebacterium diphtheriae que afecta principalmente a las vías respiratorias altas (garganta y nariz), aunque también podría llegar a generar un daño en el corazón y el cerebro. Se propaga a través de las gotitas respiratorias, como las que se generan con la tos o los estornudos, de una persona infectada o de alguien que porte la bacteria, pero que no presente síntomas.

Como es una enfermedad que necesita de un rápido tratamiento una vez detectada, es importante conocer los síntomas. Los indicios, generalmente, aparecen en la semana (de 1 a 7 días) posterior a la llegada de la bacteria al cuerpo y son: coloración azulada de la piel, secreción nasal acuosa y con sangre, tos, fiebre, problemas respiratorios, escalofríos, ronquera, dolor de garganta y úlceras en la piel. Por otro lado, hay que recordar que existe la posibilidad de que no haya síntomas.

Tal y como decíamos al principio, la difteria se contagia con facilidad a través de los fluidos corporales y la saliva. En este sentido, la enfermedad se podría transmitir con un simple estornudo, como pasa con los resfriados, al beber del mismo vaso o utilizar los mismos cubiertos que una persona que porta la bacteria. Los infectados pueden contagiar la difteria hasta dos semanas después de cogerla.

Aunque la bacteria se transmite con facilidad, el riesgo de contagio es bajo, ya que se calcula que el 95% de la población está vacunada, siendo mayor el peligro en el caso de los ancianos, con los que el porcentaje bajaría hasta el 75%. Por eso, la mejor forma de prevención de la difteria es precisamente la vacunación. Las instituciones médicas recomiendan vacunar a todos los niños de manera rutinaria, siguiendo los calendarios de cada comunidad, hasta llegar al total de seis dosis.

Por último, hay que recordar que, a pesar de que la enfermedad pueda afectar al corazón y al cerebro por su entrada en el torrente sanguíneo, generalmente no tiene consecuencias graves, siendo la tasa de mortalidad de entre el 5% y el 10% en aquellos en los que no se trata al paciente con antibióticos. Lo que sí que puede pasar es que se den secuelas en los órganos afectados por la bacteria.