Compartir

Estimados padres de Jaime;

Les escribo esta carta para explicarles por qué tuve que castigar la semana pasada a Jaime. Sé que no les gustó y no están de acuerdo con la decisión que tomé. Quiero hacerles ver la necesidad de tomar esa decisión y cómo no tendría que haberla tomado si ustedes hubieran hecho su trabajo, como padres, en casa.

Yo soy profesora de una clase con 25 niños de entre 8 y 9 años. Mi trabajo y objetivo es formar a todos esos niños en el ámbito académico que les corresponde por edad. Enseñarles lengua, matemáticas, etc, pero también despertar en ellos la curiosidad por aprender cosas nuevas y mantenerlos motivados. Pero no soy quien debe enseñarles modales y/o respeto por los demás.

Esa es tarea suya. Al igual que enseñarle unos buenos valores, despertar en él una conciencia social y procurar que no se convierta en un “ni-ni” (ni estudio ni trabajo). Tengo la obligación y el deber de educar a Jaime a nivel académico, pero no a nivel moral. Entiendo que quieran creer que su hijo es perfecto, y que nadie, excepto ustedes, puede regañarle, pero, repito, no tendría que hacerlo si lo hicieran ustedes.

Déjenme despertarles del sueño en el que al parecer están. Jaime no es perfecto. Entiendo que quieran creer que así es y, creyendo eso, es normal que piensen que quién soy yo para regañarlo ¿verdad? Pues soy su profesora, y si veo que le falta el respeto a mi o a un compañero o a otro profesor, mi obligación es castigarle. Cuando les puse en conocimiento de la actitud irrespetuosa y maleducada de Jaime me dijeron que no había que darle tanta importancia, que los niños son así. Pues no son así! Claro que los niños de la edad de Jaime, casi entrando en la edad del pavo ya, son difíciles, eso lo entiendo, pero si lo que hacen es permitirle que se salga siempre con la suya con tal de no escuchar sus rabietas, déjenme decirles que están haciendo un trabajo nefasto como padres y ningún favor a su hijo.

La actitud de Jaime en la actualidad es una falta de respeto hacia sus compañeros y profesores, pero si no se ataja ya, el día de mañana será mucho peor. Al igual que no nos tiene respeto a nosotros, dejará de tenérselo a ustedes y les diré que no querrán tener que enfrentarse a Jaime cuando tenga 16 años. En plena adolescencia, con todos los cambios hormonales, la presión del grupo…si no empiezan a ponerle límites ya, en el futuro no podrán con él, literalmente.

Tienen que entender que Jaime necesita esos límites para su adecuado desarrollo. Él se lo agradecerá en el futuro. Y les digo una cosa, un azote a tiempo nunca viene mal. Ahora estarán poniendo el grito en el cielo por lo que acabo de decir, pero no se equivoquen, no estoy diciendo que maltraten a su hijo, hay una gran diferencia entre eso y un azote de advertencia que, por otro lado, nos han dado a todos alguna vez y, personalmente, no me siento traumatizada ni dejé de querer a mis padres por eso.

Enséñenle a ser buena persona, a respetar a los demás, a que le importen los sentimientos de los demás, si lo hacen no tendré que castigarlo, ni llamarles todas las semanas para darles las quejas de su hijo, dejaré de ser la “pesada de la profesora”. Jaime no es un mal niño, es muy inteligente, sólo necesita que le orienten, saber lo que está mal y lo que está bien, no dejen que se convierta en un adulto sin provecho.

Por mi parte, les prometo que enseñaré a Jaime los conceptos académicos que debe saber, pero no sólo eso, también intentaré despertar en él las ganas de aprender, que no vea el colegio como algo aburrido, desarrollaré su imaginación a través de la lectura, y lo motivaré para que desarrolle esa inteligencia que ustedes le han dado.

Sin otro particular,

La Profesora Pesada.