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El gas de las bebidas no engorda y su valor energético es “nulo”, según ha asegurado la jefa del servicio de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, Pilar Riobó, con motivo de la campaña 'Licencia para comer', una iniciativa impulsada por la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB) que, además, cuenta con un espacio propio en Radio 5 Todo Noticias de RNE.

“El gas de las bebidas carbonatadas, tanto refrescos como ciertos vinos, o incluso bebidas espumosas de otros tipos, no contiene calorías, por lo tanto no engorda. Evidentemente puede provocar la sensación de hinchazón, de distensar la pared gástrica y producir más saciedad, pero desde luego no tiene calorías y no es la causa del michelín”, ha comentado.

Asimismo, Riobó ha explicado que las propiedades del anhídrido carbónico no sólo se quedan en su efecto saciante, sino que, además, es un coadyuvante tecnológico, es decir, prolonga la vida de los alimentos y la industria lo emplea para aumentar la vida útil de carnes, verduras, frutas u hortalizas.

Además, prosigue, no solamente da una sensación burbujeante sino que también es un potenciador de sabor y funciona como conservante y antioxidante de estas bebidas.

Por otra parte, la experta ha informado de que el organismo elimina con facilidad el anhídrido carbónico, aunque ha destacado la necesidad de que su consumo se realice con moderación dentro de una alimentación variada, equilibrada y moderada.

“El gas que encontramos en algunas bebidas refrescantes no es responsable de que engordemos, no hay alimentos buenos ni malos, sino hábitos de vida saludables o no saludables”, ha zanjado la directora de la Unidad de Nutrición de FIAB, Carolina Muro.