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Hace tan solo una década era impensable ver a niños que comienzan su etapa escolar manejar aparatos destinados, al menos desde su creación, a la recreación y entretenimiento de los adultos. Ahora, parece complicado no observar a diario pequeños que no saben ni leer ni escribir pero que manejan a la perfección el Smartphone o la Tablet de su padre o madre, cuando no resulta ser la 'suya propia'.

Es evidente que la sociedad evoluciona, pero no significa que todos los cambios tengan una connotación positiva. De hecho, la masificación de las nuevas tecnologías -con lo que ello conlleva- o de productos con componentes químicos suponen “un importante problema de salud pública bajo un manto de silencio“, apunta el doctor Pablo Arnold, inmunólogo y especialista en SQM.

Este “manto de silencio” tiene nombre y apellidos: Sensibilidad Química Múltiple. La SQM conlleva la pérdida progresiva de la tolerancia a ciertos niveles químicos, físicos o biológicos. Tres apartados en los que están englobados un amplio número de agentes, como decenas de alimentos, el agua del grifo, medicamentos, productos de limpieza, radiaciones de antenas o sistemas de conexión inalámbrica a Internet (WiFi)…

Pese a esta larga lista, la Sensibilidad Química Múltiple ha sido incorporada recientemente a la Clasificación Internacional de Enfermedades de España, sumándose a los cinco países que ya reconocían la SQM como enfermedad. El primero, Alemania, en el año 2000; el precedente, Dinamarca, en 2012.

PODRÍA AFECTAR A UN 15% DE LA POBLACIÓN EN PAÍSES DESARROLLADOS

Con la incorporación de España, son seis los países desarrollados que reconocen a las personas con SQM como enfermos. Sin embargo, pese a esta escasa relación de certificaciones, el doctor Pablo Arnold indica que en torno al 15% de la población podría presentar alguno de los síntomas, mientras que el número de diagnosticados ya se sitúa en cerca del 1%.

Además, según diversos estudios, afecta más a las mujeres que a los hombres. Esto se debe, en palabras del experto en Sensibilidad Química Múltiple, a que “las mujeres tienen doble exposición a agentes químicos: en el ámbito laboral y en el hogar“.

Entre ese 1% se encuentra Esther, una manchega de 38 años de edad, que ha narrado a Qué.es cómo le ha cambiado la vida desde que las primeras reacciones aparecieron, hasta hoy que su cuerpo comienza a recuperar fuerzas.

“FUE UN ALIVIO QUE ME DIAGNOSTICARAN”

Esther es licenciada en Ciencias Ambientales y ha trabajado buena parte de su vida laboral en una industria química. Como cualquier otro compañero de la empresa, esta joven tenía una alta carga de trabajo y comenzó a sentir un cansancio exagerado. Sin embargo, pese a tener solo 35 años, pensó que se trataba de una situación propia del estrés y 'solucionó' el problema con dos sesiones semanales de fisioterapia.

Pero esa fatiga laboral era solo la punta de un iceberg profundo que ha marcado su vida desde hace algo más de cuatro años. “Tenía problemas gastrointestinales, y taquicardias, pero me decían que era muy joven para derivarme a dos especialistas“, nos confiesa Esther al narrar el calvario que sufrió hasta que fue diagnosticada.

Pese a no recibir respuesta médica a sus múltiples dolencias, la situación que afrontan los pacientes les lleva a plantearse seriamente continuar con su vida profesional. A Esther, por ejemplo, le resultó completamente imposible y decidió abandonar su empresa. “No pedí la baja médica porque no sabes lo que tienes y te da apuro decirle a los compañeros que no vas a trabajar porque estás muy débil”.

Los primeros síntomas pueden confundirse con estrés laboral, pero ni dar ese complicado paso mejora la situación de un enfermo de SQM. De hecho, en la mayoría de los casos el siguiente escalón es el que da mayor visibilidad a la Sensibilidad Química Múltiple. La fatiga y los mareos vienen acompañados de un desarrollo extremo del olfato con determinadas sustancias. “Llegué a tener intolerancia a 30 alimentos, vomitaba después de comer y con solo oler la colonia o el café, por ejemplo, tenía su sabor en la saliva”, reconoce esta joven manchega.

Este segunda fase es la que produce el diagnóstico de la enfermedad y significa un importante paso para las personas que lo padecen. En el caso de Esther, asegura quefue un auténtico alivio” porque “llegué a pensar que me estaba volviendo muy maniática y que ya no me apetecía estar con familiares o amigos”. Este punto de agobio por 'no saber qué tienes' es en el que incide el doctor Pablo Arnold para señalar que se intenta ridiculizar a los pacientes” y “no se favorece la investigación porque se dejarían de vender muchos productos”.

SALIR A LA COMPRA O IR AL CINE RESULTA MISIÓN IMPOSIBLE

Una vez diagnosticada la Sensibilidad Química Múltiple, el primer paso para los afectados es abandonar la exposición continua a los agentes químicos que producen las persistentes dolencias, lo que conlleva en la mayoría de los casos al cambio de residencia. Vivir en la ciudad implica mayor grado de contaminación, mayor presencia de antenas y redes inalámbricas y la utilización de productos de limpieza convencionales. 

Por ello, la solución más factible es trasladar el hogar a una zona rural. Sin embargo, este cambio no es tan sencillo como “ir a vivir al campo”. Cualquier enfermo de SQM debe evaluar tanto el perímetro que le rodea (que no sea una zona de cultivo, que no tenga pinares cerca, que no realicen fumigaciones, la implantación de antenas) como su propia vivienda, ya que algunos componentes de construcción contienen agentes químicos.

Además, en cuanto al hogar, los productos de limpieza pasan a ser el vinagre, el bicarbonato o el clásico jabón neutro; los grifos deben tener unos filtros porque “nos apesta a cloro”; no pueden utilizar champús; deben tener cuidado con el tejido de ropa que utilizan; el ordenador y el móvil solo unos minutos al día; la televisión debe estar a gran distancia; etc. Una serie de condiciones indispensables, pero que deben ir acompañadas de un suplemento de minerales y nutrientes a través de vía intravenosa para favorecer la recuperación del cuerpo.

En este sentido, el doctor Arnold apunta que también se pueden utilizar medicamentos pero a través de una fórmula magistral, es decir, eliminando las enzimas incipientes con productos químicos. “Con el tratamiento recuperan la opción de tener una vida apetecible, pero no pueden volver a exponerse indiscriminadamente a los productos químicos”, concluye.

En esta fase comienza a entrar Esther. Después de estar más de dos años sin poder salir de casa, “para mí era impensable pasear por el campo más de media hora porque me dolía el cuerpo, pero ahora aguanto más y noto que el cuerpo recupera energía, no solo por no estar expuesta sino por la recuperación de minerales”.

Pese a esta mejoría, los enfermos de SQM tienen serias dificultades para hacer con asiduidad ciertas actividades. Cosas tan simples -a priori- como salir a una terraza en verano, ir de vacaciones o acudir a la consulta del médico puede convertirse en una auténtica odisea.

El círculo de amigos se cierra porque muchos no comprenden que ahora ya no salga a los bares o haga los planes que hacíamos antes”, apunta Esther al hablar de la reacción de su entorno de amistades. Sin ir más lejos, en estas fechas, “se acabaron las cenas del 'amigo invisible', ahora las Navidades las pasó con mis familiares más cercanos“.

CRISIS DE DESORIENTACIÓN Y TAQUICARDIAS

Los amigos más cercanos y los familiares intentan adaptarse a las condiciones que exige la enfermedad. Sin embargo, no siempre es fácil. Esther reconoce que no puede estar más de media hora con su sobrino.El pequeño utiliza un champú que no tolero y si estoy más de ese tiempo con él estoy dos o tres muy débil y sin poder salir de la cama. Aunque estoy contenta porque antes solo podía darle un beso”.

Los enfermos intentan controlar su ambiente más próximo, pero hay escenarios que se escapan a ese control. Por ejemplo, en las consultas médicas no pueden acudir cuando el servicio de limpieza está trabajando o si los edificios a los que entran tienen activado el sistema de conexión inalámbrica a Internet.

La joven manchega enferma de SQM nos cuenta uno de los episodios más recientes. “Hace unas semanas fui a una conferencia de medioambiente, avisé y ajustaron las condiciones. Sin embargo, yo iba con mi máscara y quería hacer una pregunta a uno de los ponentes. Al coger el micrófono era incapaz de hablar y tenía taquicardias. No era por los nervios, era por la conexión WiFi que tenía la sala“, recuerda.

En ocasiones así, las consecuencias más comunes son taquicardias, fatigas, dolores de cabeza, debilidad y desorientación.

LAS FUNDACIONES JUEGAN UN PAPEL FUNDAMENTAL

La propagación de la enfermedad ha propiciado en los últimos años la proliferación de asociaciones que agrupan a los enfermos de Sensibilidad Química Múltiple. En algunos casos, estas fundaciones están enmarcadas dentro de la lucha medioambiental y representan un papel de apoyo fundamental.

Por un lado, al conocer el diagnóstico, trabajadores sociales suelen hablar con las familias para que comprendan con mayor rapidez los agentes que afectan a los pacientes. Por otro lado, promueven los derechos de los enfermos, en ocasiones olvidados por las autoridades sanitarias.

En algunos casos, como el de Esther, se desarrollan complejos procesos judiciales para lograr la incapacidad total. Pese a que en su caso no ha vuelto a trabajar desde que comenzó a padecer la enfermedad, no recibe ninguna subvención porque le ha sido denegada la incapacidad en primera instancia. “Somos enfermos incómodos, no conviene darnos la razón“, apunta esta paciente.