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Decenas de periodistas se congregan en la sala de prensa del hospital Carlos III de Madrid. Esperan a Teresa Romero (aunque a estas alturas sobran las presentaciones), la auxiliar de enfermería que por primera vez en el mundo se contagió del virus fuera de África. Ella había atendido a los dos misioneros repatriados y fallecidos, y luego le tocó luchar contra la enfermedad. Un mes después, que mayormente pasó aislada, comparece ante la prensa para contar su experiencia. 

En el camino quedan los kilos que le ha consumido 'el bicho', su perro Excalibur (sacrificado por temor a que estuviera contagiado) y la puesta en entredicho de su profesionalidad, cuestionada por el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez. 

Teresa Romero apareció en silla de ruedas, arropada por parte del personal médico que la acompañó mientras estuvo convaleciente. Como era de esperar, Teresa parecía aturdida por expectación y emocionada, acompañada en todo momento por su marido, Javier Limón.

Teresa sonrió a los fotógrafos y aguantó las lágrimas como pudo, entre constantes aplausos. Y acompañada de los médicos que la atendieron, que agradecieron a Teresa haber sido tan buena paciente, compareció ante la prensa.

“Estoy aquí para daros las gracias. Aún me encuentro muy débil, por lo que me vais a permitir que os lea”, arrancó Teresa, todavía visiblemente emocionada. “Quiero que sea rápido para recuperar tranquilidad e irme cerca de mi familia”, añadió, a la que acto seguido profesó todos sus agradecimientos. “Ellos me han hecho luchar por seguir en este mundo”, apostilló.

Y continuó: “Doy las gracias a dios y a Santiago Apóstol por devolverme la vida para contaros mi experiencia”, prosiguió la protagonista del día, para luego pedir a los presentes que se respetara su tranquilidad.

Y luego, más agradecimientos: a los médicos, al personal de limpieza, al de seguridad… “Tenemos el mejor sistema sanitario del mundo, con profesionales que pese a la nefasta gestión política salen adelante”, espetó Romero entre nuevos aplausos.

Luego explicó que cuando se veía morir, se aferraba a sus recuerdos, a su familia, a su marido, “al que adoro” destacó, y dejó caer lo duro que había sido el aislamiento durante su lucha contra el ébola. “Solo tenía contacto con Javier por móvil”, dijo.

Teresa siguió con los agradecimientos a lo largo de su intervención y tuvo un pequeño apartado para los medios de comunicación: “Con vosotros se entendió y se conoció la enfermedad”, afirmó, para luego señalar: “Una enfermedad que no ha preocupado hasta que ha llegado aquí”.

Y luego, llegó el momento que la mayoría de los presente estaban esperando; el pico más emotivo de toda la intervención: “No sé lo que fallo, ni siquiera sé si falló algo, solo sé que no guardo rencor ni, reproches. Espero que mi contagio sirva para encontrar una vacuna o si se necesita mi sangre, aquí estoy. Lo mismo que hizo la hermana Paciencia, que estoy deseando encontrarme con ella y darle un gran abrazo; nunca estaré suficientemente agradecida”, afirmó Teresa de nuevo, entre más aplausos. “Si con mi sangre se puede curar, aquí estoy hasta quedarme seca”, repitió. 

El final de su intervención fue para agradecer los “miles de mensajes de aliento” que tanto ella como su marido, Javier Limón, han recibido en este tiempo, y para dar también las gracias “al personal del hospital de Alcorcón y por supuesto, al del Carlos III”. Y añadió: “También a mis vecinos por todo lo que han tenido que soportar (…) Saben que no somos gente a la que le guste el jaleo, esperamos que a partir de ahora la tranquilidad sea la constante del vecindario”.

Teresa finalizó su comparecencia pidiendo de nuevo respeto para poder descansar y recuperarse del todo, para poder transmitir a los medios de comunicación su experiencia. A partir de este momento, dijo, serán sus abogados los que actúen como portavoces del matrimonio hasta que ella recupere las fuerzas. 

Finalizado el turno de palabra de Teresa, intervino Javier Limón: “Tere no se ha referido a Excalibur porque se emociona” dijo. Luego explicó que tiene un “recuerdo imborrable” de su mascota, a la que él y su esposa consideraban “familiarmente como el hijo que nunca” tuvieron. “Quien tenga mascota lo entenderá (…) A nadie le importó lo relevante que era el animal para una familia como nosotros, sin hijos”, apostilló Limón.

El marido de Teresa Romero fue breve y concluyó su intervención destacando que “cómo hemos vistos en EE.UU., no era necesario” y que “ni siquiera se comprobó que estuviera contagiado”. El matrimonio abandonó el hospital Carlos III de Madrid para que “Tere pueda descansar”.