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Cada año cien niños fallecen ahogados en las piscinas españolas. La cifra es una media que ofrece la Asociación Española de Pediatría, y que sitúa este tipo de accidentes como la segunda causa de mortalidad infantil y juvenil. El año pasado, solo en julio y agosto, fallecieron ahogadas 155 personas, 24 de ellos menores.

Según Alberto García Sánz, director de la Escuela Española de Salvamento y Socorrismo, los accidentes se repiten al mismo nivel desde hace años y, aunque cada campaña estival se alerta de los riesgos y las precauciones más efectivas, falta concienciación: “Llevamos años pidiendo que la Administración sea quien realice una campaña de divulgación, televisiva, igual que se hacen las campañas de tráfico”. Para Sanz la gravedad de las cifras justificarían un esfuerzo en este sentido, máxime cuando “la mayoría de los accidentes se producen en verano”.

LA VIGILANCIA ES ESENCIAL

Tanto desde la Escuela de Salvamento y Socorrismo como desde la mayoría de instituciones y organismos recuerdan que, en el caso de los niños, la vigilancia es la mejor manera de evitar sustos. La Federación de Usuarios y Consumidores independientes recordaba hace unos días en una nota de prensa que “los ahogamientos se producen de forma rápida y silenciosa” y que “un bebé puede ahogarse en una piscina que cubre solo 30 centímetros”.

Sanz subraya que “los niños deben estar vigilados sepan nadar o no” y defiende que, por más que quiera, un socorrista a menudo está cargo de una instalación en la que están presente cientos de personas y “no puede vigilar a todas y cada una de las personas que están en el vaso”.

En este sentido ejemplifica que “aunque en la calle haya Policía, si llevamos un bolso con dinero siempre vamos pendientes de él”.

OJO A LAS PISCINA PRIVADAS

Sanz recuerda que muchos de los accidentes con menores se producen en piscinas privadas que carecen de vigilancia y de valla perimetral: los niños se caen por accidente.

Éste es, por tanto, el primer consejo: dotar de una valla perimetral a todas las piscinas privadas. Tampoco es muy recomendable el trampolín, un foco de accidentes que de hecho ha sido retirado de todas las instalaciones públicas.

Ni que decir tiene que tanto para menores como para adultos es conveniente aprender a nadar lo mejor posible. Y, a partir de ahí, seguir las normas recomendadas: bañarse en zonas vigiladas o vigilar el tiempo de reposo para hacer la digestión es muy importante.

LA IMPORTANCIA DE LA DUCHA

Muchos bañistas creen que la ducha previa al baño en la piscina es solo una cuestión de higiene. Que se trata de retirar las cremas con las que nos untamos en verano. Pero éste es en realidad su cometido menos importante: “Se trata de acostumbrar el cuerpo a la diferencia de temperatura para evitar un 'shock' termodiferencial”.

Ésta es, de hecho otra de las causas importantes de ahogamiento: la temperatura exterior puede superar los 35 grados y entramos de pronto en un medio con diez grados de temperatura menos. En nuestro cuerpo puede desatarse una crisis con el agravante de que “esa personas no puede dar la señal de alarma”. Según Sanz esto es lo que suele suceder cuando de pronto aparece una persona en el fondo de la piscina.

Los profesionales suelen denominarlos 'ahogados blancos' porque, a diferencia de una persona que se ahoga porque no sabe nadar, no tienen agua en los pulmones. “Es un ahogado silencioso… si se le ve la recuperación es mejor, pero hay que verlo”.

Por si caso, tanto en adultos como en niños, mejor prevenir.