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La desesperanza de encontrar empleo en España con más de 55 años

El último informe publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la evolución de la población activa desde el año 2011 hasta el 2014 desvela que casi medio millón de personas han perdido la esperanza de encontrar empleo, a pesar de estar disponibles para trabajar. Estos “inactivos desanimados” aumentaron en un 21,2% entre el primer trimestre de 2011 y el mismo periodo de este año, dando como resultado un total 483.600 personas.

Según el INE, los factores que explican el descenso de la población activa en edad de trabajar durante estos años son: El recorte en el número de extranjeros (633.300), la emigración de los españoles, el incremento del número de jubilados (355.300), el aumento de jóvenes menores de 25 años que cursan estudios y el desánimo de la población a la hora de buscar empleo.

Es el caso de Antonio García Garoz, un hombre de 56 años que lleva en paro desde hace dos y medio, y que ya ha asumido que no va a encontrar empleo en ningún sitio. “Me han cerrado las puertas en todas las empresas”, cuenta con tono de indignación.

Antonio fue víctima de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en unos almacenes de Toledo en los que llevaba trabajando toda su vida. Le quedan cuatro meses de cobrar el paro y aunque sigue insistiendo en echar currículums, sólo lo hace por recomendaciones de conocidos suyos. 

(Foto: Evolución de los inactivos desanimados. Fuente: INE)

El calado del desempleo en las personas mayores de 55 años ha aumentado en un 35% entre 2011 y 2014, según el estudio sobre la Encuesta de Población Activa (EPA). Un hecho que ha producido la pérdida de esperanza en este colectivo, el más afectado por el paro que, como Antonio, creen que no van a encontrar trabajo.

Este desánimo ha afectado a más mujeres, llegando a alcanzar las 337.500 y multiplicando por dos la cifra en los hombres. Sin embargo, el sexo que más ha abandonado la labor de búsqueda de empleo es el masculino, un 24,1% desde 2011 frente al 20% de mujeres que tampoco buscan por las mismas razones.

Esta creencia de que a esa edad ya no van a encontrar empleo se sustenta en las experiencias personales y, como en el caso de Antonio García, porque se lo han dicho a la cara en muchas entrevistas de trabajo.

LOS JÓVENES AUMENTAN SU ESPERANZA

En la este sector de la población, por el contrario, la desesperanza de los que están en edades entre 16 y 24 años ha disminuido estos tres años. Un colectivo que sabe que las empresas reclaman gente joven, ágil y dispuesta a cobrar una cantidad, precaria o no, con tal de tener un trabajo en estos tiempos que corren.

Lo normal hoy en día es ver a jóvenes en cualquier tienda de cualquier ciudad. Antonio nunca lo ha intentado en trabajos que sean de cara al público porque le parece “totalmente imposible”. Los salarios han bajado en cualquier tipo de empleo y la gente joven parece estar más dispuesta que la adulta a aceptar cualquier cuantía. Ante esto Antonio asegura ya le da igual y que aceptaría un salario bajo con tal de tener empleo.

“Tanto una persona joven como yo podemos aprender de la misma manera, la diferencia es que yo quizá me podría quejar más o matizar algunas cosas y el otro no va a rechistar”, piensa Antonio sobre el por qué los empresarios no le quieren.

FILTROS DE EDAD EN LAS EMPRESAS

“Me han dicho a la cara que soy demasiado mayor para contratarme”, cuenta Antonio sobre una empresa en la que le dijeron que no les interesaba que se fuera a jubilar dentro de siete u ocho años. Pero esta no es la única justificación que dan los empresarios para no contratar a los adultos de más de 55 años.

Los idiomas son un requisito que en los comercios de cara al público ponen como prioridad, lo que supone un problema para las personas adultas que nunca han estudiado inglés, por ejemplo. Antonio reconoce que a su edad no se puede poner a estudiar un idioma nuevo. “Tardaría años en aprenderlo y sería peor porque ya tendría más de 60 años”, se lamenta.

“Las empresas han desbancado la experiencia”, declara Antonio García cuando cuenta que en algunas empresas ni le han llegado a coger el currículum al ver que era una persona adulta.

¿HAY ALTERNATIVA?

Muchos parados han montado, o están pensando hacerlo, su propio negocio en régimen de autónomos. Antonio García se lo ha planteado más de una vez pero se queja de que el Gobierno no le facilita ayudas económicas para emprenderlo ya que, con su situación de desempleo desde hace dos años y medio, no tiene disponible el dinero que hace falta para abrir y mantener un negocio.

“En estos momentos no puede salir bien nada. Me han partido por la mitad”, zanja Antonio. Una desesperación y un desánimo como consecuencia de las altas tasas de desempleo y de la dura crisis por la que atraviesa nuestro país.

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