Compartir

Pongámonos en situación. Tres niñas observan con cara de aburrimiento la televisión en la que aparecen otras tres pequeñas vestidas de rosa y cantando dulces… y ñoñas canciones. Como parecen esperar algo más del tiempo que pasan juntas, ponen música 'cañera' y cogen una caja de herramientas, gafas y cascos de protección y comienzan la construcción de un artilugio que lanza las muñecas de la casa hasta destrozarlas. También utilizan escaleras, paraguas y, por supuesto, juguetes de GoldieBlox para construir un ingenio que, a modo de mecano, pone en funcionamiento la casa para concluir apagando el televisor y deshaciéndose de las niñas-princesa.  

Pues bien, este vídeo es en realidad un anuncio de esta transgresora empresa juguetera estadounidense fundada hace dos años por Debbie Sterling, una joven licenciada en diseño industrial por la Universidad de Stanford que se ha convertido en un icono del feminismo en EE.UU.  Y el anuncio de su empresa no fue fruto de sesudos análisis de mercadotecnia de cualquier agencia publicitaria de prestigio. Fue producido por un pequeño equipo de la propia empresa y dirigido por 'The Academy', un grupo independiente de cineastas de Los Ángeles. “Queremos generar un cambio cultural y acabar con la desigualdad de sexos. ¿Por qué los juegos de construcción, matemáticas y ciencias son para los niños?”, argumenta Sterling. Y la verdad, no hay respuestas

El hecho es que su batalla a través de los juguetes parece justificada. Tanto en EE.UU, como en España.  Al otro lado del Atlántico y en 2010, las mujeres estadounidenses obtuvieron solo un 18% de las titulaciones de informática, mientras que en 1985 se hicieron con el 37% de las titulaciones , según el Centro Nacional para Mujeres y Tecnología de la Información. Es decir, que no parece que las adolescentes estén animadas a ese tipo de estudios o bien, que no se les ofrecen estímulos para hacerlo. 

Pero hay más indicadores. Así por ejemplo, una investigación que ha analizado más de cinco millones de artículos científicos publicados entre 2008  y 2012, y que se presentó la pasada semana en la revista Nature, demuestra que existe una tendencia a subestimar las investigaciones realizadas o dirigidas por mujeres. ¿Por qué? ¿Qué está pasando? Cassidy Sugimoto, una de los autoras del estudio junto a sus colegas de la Universidad de Indiana, Vincent Larivière, Chaoqun Ni, Yves Gingras y Blaise Cronin, ha declarado que su investigación “traduce en números, en datos empíricos una tendencia que es fácilmente constatable: siguen existiendo barreras en la ciencia para la mujer en todo el mundo”.

En todo el mundo, menos del 30% de la producción científica está firmada por mujeres. En España esta cifra llega al 37%. Siguiendo la estela, los únicos cinco países donde las mujeres producen más investigación que los hombres no son potencias investigadoras, ni mucho menos: Macedonia, Letonia, Ucrania, Bosnia-Herzegovina y Sri Lanka. ¿Por qué? Son países en los que, en general, los hombres prefieren dedicarse a otra cosa. Y es curioso, pero en los países en los que la investigación sostiene una potente industria de todo tipo, como EE.UU., Reino Unido o Alemania, la desigualdad entre sexos es mayor que en España por ejemplo

Son datos. Fríos e interesantes, pero tanto los autores del informe publicado en Nature, como la empresa juguetera GoldieBlox, parecen sostener una de las conclusiones que figuran en la publicación: “No hay país que pueda permitirse descuidar las contribuciones -nosotros añadiríamos también potencialidades-  intelectuales de la mitad de su población”.