Compartir

La Fundación Alberto y Elena Cortina lleva un año impulsando una novedosa iniciativa: el 'comedor invisible'. Cada mes hacen la compra para 120 familias madrileñas en un supermercado que les lleva directamente la cesta a su casa. Con toda discreción. Como si la hubieran comprado ellos.

Muchas de ellas viven barrios considerados 'buenos' en Madrid, como Retiro o Salamanca. Muchos, antes de estar en paro, vivían con holgura económica e incluso desempeñaban profesiones consideradas como de prestigio. Eran abogados, psicólogos, profesionales que tal vez llegaron a ser nuevos ricos y que ahora son nuevos pobres. “Son familias que se han encontrado en el paro y que ya han agotado todos su ahorros. Nunca se han visto en esa situación y les da vergüenza pedir o no saben a dónde dirigirse”, explica Vicente Álvarez, director General de la Fundación Alberto y Elena Cortina.

El miedo al qué dirán o, incluso, el sentimiento de culpabilidad es otro de los lastres que cargan quienes viven situaciones económicas difíciles. Así lo admiten fuentes de Cáritas, que ha visto triplicarse en los últimos años la población atendida, llegando a 1,6 millones de personas. “A todo el mundo le da vergüenza pedir”. En su caso, aunque no cuentan con una iniciativa equiparable a la del 'comedor invisible', el respeto a la privacidad y el intento por preservar el anonimato de los ayudados son una de sus líneas de actuación.

No se permiten menores en los comedores y, de hecho, en la mayoría de los casos su modus operandi consiste en el reparto de comida y otros bienes de forma discreta en el economato. En algunas comunidades reparten también vales de supermercados, lo que permite a las familias realizar la compra con total normalidad. “Es muy frecuente que ni siquiera los vecinos conozcan la situación que viven”.

LAS OTRAS NECESIDADES

El último informe del Observatorio de la Realidad Social de Cáritas señala que la pobreza severa (quienes viven con menos de 307 euros al mes) alcanza ya a tres millones de personas en España. Y que estas situaciones se están cronificando. Pero señala también la importancia de abordar otras necesidades más allá de las económicas para paliar las situaciones de exclusión. “La escucha (y los espacios donde hablar) se detecta como la necesidad no económica más extendida”, dicen. Las relaciones estarían justo a continuación.

Si hay un sector que tiene difícil lograr una conversación es el de quienes viven en la calle. Es difícil saber el número exacto de personas que pernoctan en las aceras, pero los últimos datos oficiales, una encuesta del INE de 2012, habla de cerca de 23.000 personas atendidas en los centros repartidos por toda España. El 45 por ciento de ellas terminaron en la calle tras perder el trabajo. Y hasta el 20 por ciento tras separarse de su pareja.

Bokatas.org es una organización donde el bocata es solo la excusa. Sus voluntarios preparan los bocadillos y, con la excusa de repartirlos entre las personas sin hogar, buscan sentarse a mantener una conversación. “No hace falta tener un techo para mantener una conversación normal”, dice su lema. Según su web, se trata de realizar un acompañamiento sincero y, si así se lo piden, hacer de intermediarios con las entidades sociales.