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“Si la transexualidad no es una enfermedad, no tiene que ser objeto de diagnóstico”. Con estas palabras resume Mar Cambrollé, presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía-Sylvia Rivera, el espíritu de la nueva Ley de Transexualidad de Andalucía.

El texto sobre el que se basará la nueva norma se registrará este viernes en el Parlamento andaluz y será previsiblemente aprobado en el plazo de cuatro o cinco meses tras los trámites pertinentes. Esto es, a principios de 2014. Esta norma supone un salto cualitativo en las demandas de los transexuales, que han logrado dos de sus demandas fundamentales: el sexo, hombre o mujer, dejará de estar ligado a los órganos genitales biológicos o a un diagnóstico médico y pasará a depender única y exclusivamente de la autopercepción. Además, la atención sanitaria deja de estar centralizada en las Unidades de Transexualidad e Identidad de Género (UTIG).

De esta forma, bastará, por ejemplo, con que con una mujer nacida hombre declare su nueva condición para lograr el cambio automático en toda la documentación pública o de cara a las instituciones que dependan de la Junta de Andalucía.

Pero la norma no se circunscribe al cambio de identidad legal, sino que se plantea como un texto integral con medidas “en ámbitos en los que las personas transexuales aún no somos iguales al resto de la ciudadanía, como el ámbito laboral, sanitario o educativo”. Como ejemplo, Cambrollé explica que en las escuelas y universidades “se adaptan los currículos escolares para que los estudiantes o el personal docente transexual no puedan ser objeto de discriminaciones por su condición o que se tenga en cuenta la identidad de género de la persona teniendo o no teniendo el cambio de nombre”.

EL CABALLO DE BATALLA DE LA SANIDAD

El gran conflicto en la negociación del texto y el que suscita más polémica ha sido el artículo 10, que reza así: “Ninguna persona será obligada a someterse a ninguna forma de tratamiento, procedimiento médico o examen psicológico para tratar o determinar su identidad de género”.

Las Unidades de Transexualidad e Identidad de Género (UTIG) de España, así como psiquiatras, psicólogos y endocrinos divulgaron a principios de diciembre un comunicado en que advertían de que “el borrador de la ley se salta o vulnera completamente las recomendaciones de la Sociedades Científicas Nacionales e Internacionales que se dedican a la atención de las personas transexuales”. Y advierten del riesgo de realizar “tratamientos hormonales y procedimientos quirúrgicos irreversibles” a personas que luego puedan arrepentirse.

Cambrollé insiste en que no puede ser “un agente externo quien certifique que eres transexual”. Y añade que “este requisito se elimina de acuerdo con las recomendaciones del propio comisario de los Derechos Humanos, Thomas Hammasber, quien dijo que evaluar a una persona transexual para tener acceso a un cambio de identidad legal o a un servicio sanitario violaría los derechos humanos fundamentales“.

Más allá del aspecto simbólico, este cambio de consideración tendrá importantes repercusiones prácticas: al descentralizarle la atención sanitaria, que hasta ahora dependía de la Unidad de Identidad de Género del Hospital Capitán Haya de Málaga, las personas transexuales podrán acceder a tratamientos hormonales o pequeñas cirugías desde los ambulatorios.

El precedente más claro en el mundo es la ley argentina de identidad de género de mayo de 2009, que fue la primera en dejar de considerar la transexualidad como una enfermedad. Pero, según admite la propia Cambrollé, en Europa no existe nada igual. Andalucía se convierte en una comunidad pionera.

INHIBIDORES PARA LOS MENORES

Otro de los aspectos polémicos de la Ley de Transexualidad es el que se refiere a los menores de edad, donde entra en consideración el debate sobre la madurez de los niños o niñas a la hora de tomar decisiones tan trascendentales. La norma prevé la utilización de inhibidores hormonales en menores al llegar a la pubertad.

Mar Cambrollé señala que en todo caso se trataría de tratamientos reversibles, “que ya se están empleando en niños no transexuales, por ejemplo para frenar el desarrollo precoz”. Serían tratamientos de acuerdo con las necesidades de cada caso, con consejo de un endocrino y de común acuerdo con los padres. “El objetivo es evitar el sufrimiento que puede ocasionarle a un niño transexual en la etapa del desarrollo ver como su cuerpo biológico desarrolla de forma contraria a como se siente”.