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La tormenta que afecta al interior de la provincia de Valencia ha obligado a avanzar a las 10.45 horas el inicio de la batalla, quince minutos antes de lo habitual pero, incluso antes, los camiones cargados con tomates habían empezado a descargar los 130.000 kilos de esta hortaliza que participantes de 60 países esperaban ansiosos.

Los guerreros de la Tomatina, ataviados con ropas viejas o disfraces y con gafas de bucear para protegerse los ojos, han comenzado a disparar tomates, tras aplastarlos para aminorar el dolor de su impacto, sobre sus compañeros de batalla, liberando adrenalina a tomatazo limpio.

La previsión meteorológica, que anunciaba chubascos moderados localmente fuertes en el interior de la provincia de Valencia, se ha cumplido y una intensa lluvia, acompañada de rayos y truenos, ha caído sobre los participantes que, lejos de verlo como un impedimento, la han jaleado.

Un total de 15.000 participantes de pago, procedentes de países como Australia y Japón, han abonado diez euros para tomar parte en esta batalla junto a 5.000 vecinos de Buñol, que accedían de forma gratuita a las calles acotadas para la Tomatina.

En pocos minutos, un líquido viscoso y rojo ha comenzado a inundar la calzada y a cambiar el color de las fachadas y de la vestimenta de los participantes de esta contienda, que ha finalizado a las 11.45 horas, momento en que han comenzado a limpiarse las calles cerradas para la Tomatina.

Los asistentes se han dirigido entonces a las duchas facilitadas por el Ayuntamiento para intentar limpiar los restos de tomate de sus cuerpos, pelo y ropa, o han ido a reponer fuerzas con alguno de los bocadillos de embutido que vendían puestos ambulantes, mientras las mangueras de los vecinos y los servicios municipales dejaban las calles de Buñol completamente limpias en cuestión de minutos.

El teniente de alcalde y concejal responsable de las fiestas de Buñol, Rafael Pérez, ha destacado que la fiesta ha transcurrido sin incidentes ni daños personales y ha sido todo un éxito, ya que solo han sobrado entre doscientas y trescientas entradas para participar en esta “Tomatina de récords”.

Como Raul, procedente de Estados Unidos, que participaba por primera vez en esta fiesta y aseguraba a EFE que había sido una de la “mejores experiencias de su vida”.

También Paco, vecino de Aldaia (Valencia) y que ya había estado en tres ocasiones anteriores, ha destacado que se trata de una fiesta muy divertida, aunque ha criticado que los vecinos de Buñol hayan entrado gratis y el resto de participantes pagando.

La Tomatina, que en 2002 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, rememora cada último miércoles de agosto una tradición que nació en 1945 como una broma entre amigos, que se lanzaron tomates durante un desfile de gigantes y cabezudos.

La celebración que se mantuvo durante años hasta que en 1980 el Ayuntamiento decidió organizarla oficialmente y empezó a convertirse en un espectáculo de dimensiones crecientes, cada vez con más toneladas de tomates cargados en camiones a disposición del público.

Ante la masificación registrada en los últimos años, con cerca de 50.000 participantes, el Ayuntamiento ha decidido este año cobrar 10 euros por entrada (una pulsera que permite acceder al recinto) con los objetivos de financiar el festejo y garantizar la seguridad de los participantes.

La Tomatina ha sido seguida hoy por un centenar de medios de comunicación de países como Corea del Sur, Japón, Australia, Nueva Zelanda o Canadá, que se han sumado a un gran número de medios españoles.

El Ayuntamiento de Buñol ha invertido cerca de 140.000 euros en la fiesta y el dispositivo de seguridad, que ha contado con más de 400 agentes de Protección Civil, Policía Local, Guardia Civil y seguridad privada, y un plan de emergencia que ha incluido un hospital de campaña y dos helicópteros.

También se ha colocado en las calles carteles pidiendo “respeto a la mujer” y contra “la xenofobia y la homofobia”, tras el trato “vejatorio” que sufrieron algunas mujeres durante las fiestas de San Fermín y el suceso ocurrido el pasado año en Buñol, donde un inmigrante fue tirado por un puente la noche previa a la Tomatina.