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Cualquier persona interesada en boicotear una causa mediante la estratagema de infiltrar en ella a un personaje que ahuyente a sus seguidores debería reclutar al tercer vizconde Monckton de Brenchley. A los partidarios del bombín puede encantarles, pues él lo ha lucido y defendido, pero la justificación para que este polifacético hablador sea tenido por genio es un rompecabezas.