domingo, 27 septiembre 2020 0:35

La “póliza de seguros” de la flora canaria ya devuelve riqueza al ecosistema

El vicealmirante Robert Fitz Roy cuenta en sus diarios sobre el histórico viaje del “Beagle” que el padre de la teoría de la evolución se llevó un gran disgusto cuando, en enero de 1832, las autoridades de Tenerife le impidieron desembarcar en la isla por temor a un brote de cólera que acababa de declararse en Inglaterra.

“Lo que Darwin descubrió en Galápagos lo podría haber visto en Canarias si no hubiera sido por ese incidente. Aquí tenemos en la flora uno de los mejores ejemplos del mundo de variación evolutiva insular. La gente todavía no es consciente de la importancia científica de la flora canaria”, defiende el botánico inglés David Bramwell, director de la Cátedra Unesco de Biodiversidad.

Con una vida dedicada por completo a la flora endémica de las islas, Bramwell sucedió durante casi cuatro décadas al frente del Jardín Canario Viera y Clavijo -el mayor botánico de España-, a su fundador: Eric R. Sventenius, el científico sueco que a mediados del siglo XX se propuso reunir toda la riqueza botánica de las islas en un solo lugar, con el apoyo del Cabildo de Gran Canaria.

Durante su mandato, se abrió el departamento que ha multiplicado el valor del Jardín Canario como garante del futuro de la flora del archipiélago: un banco de semillas que, después de tres décadas de funcionamiento, conserva en sus cámaras simientes de 530 de las 650 especies nativas de Canarias. Y lo más importante: guarda semillas del 60 % de las especies canarias que corren peligro de extinción.

“En algunos casos, tenemos más plantas en este jardín que las que existen en estado silvestre en la naturaleza, porque las poblaciones en el campo de algunas especies han quedado reducidas a menos de cien ejemplares”, apunta el biólogo Bernardo Navarro Valdivielso.

Este investigador grancanario habla con pasión del Jardín Canario no solo porque sobre él descansa hoy la responsabilidad de suceder a Bramwell al frente de la institución hasta que se designe a un nuevo director, sino porque representa la segunda generación en su familia dedicada a cuidar de él (su padre, el perito agrícola Fernando Navarro, fue la mano derecha del fundador Sventenius).

La consejera de Medio Ambiente de Gran Canaria, María del Mar Arévalo, subraya que este jardín hace ciencia de “primer nivel”, como avala su pertenencia a la red del CSIC y el hecho de haber sido la primera institución no universitaria depositaria de una cátedra de la Unesco. Ciencia que pronto se pondrá a prueba de nuevo en uno de los mayores retos ambientales de la isla: repoblar con cedros la Reserva Natural de Güigüi, dentro de los programas “Life” de la UE.

Aunque sostenido casi en exclusiva por el Cabildo grancanario, la labor del Jardín Viera y Clavijo repercute en todas las islas. “Este Jardín ha devuelto a la naturaleza desde el primer momento la riqueza que ha tomado de ella”, defiende Navarro Valdivielso.

En esa función, se ha destapado como clave el banco de semillas, que ya cuenta con varios éxitos, como el obtenido en Maspalomas, donde ha reintroducido una siempreviva propia de la zona -el Limonium tuberculatum- que desapareció hace tres décadas por el desarrollo turístico. Y ello gracias a las semillas de las plantas que recogió allí en los años cincuenta Sventenius.

Pero hay más: la recuperación de las crestas de gallo (Isoplexis) o los turmeros (Helianthemun) de la Reserva Natural de Inagua, tras el devastador incendio que sufrió el sur de Gran Canaria en 2007.

“Esas especies sufrieron un aniquilamiento casi total durante el incendio. Recolectamos semillas y con ellas hemos reforzado la recuperación de las poblaciones”, explica Alicia Roca, responsable del banco, que ahora trabaja en la recuperación de otras dos especies amenazas: la yerbamuda de Jinámar (Lotus kunkelli) y la escobilla de Guayadeque (Kunkeliella canariesis).

Roca subraya que en la flora endémica de Canarias hay algunas especies de las que solo queda media docena de individuos en la naturaleza. “Este banco de semillas es la póliza de seguros para el caso de que esas especies desaparezcan”, sentencia.

David Bramwell coincide con ella, pero también lanza una advertencia: “Las pólizas de seguro no sirven de nada si no pagas la prima. Y ese es el mensaje que tenemos que dar hoy en día a las administraciones: estas cosas hay que financiarlas”.

Por José María Rodríguez