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BERLÍN (Reuters) – Las fuerzas de seguridad del estado alemanas descuidaron vergonzosamente la amenaza de la ultraderecha, y sus chapuceras investigaciones y prejuicios permitieron a una célula neonazi a la que se achacan nueve asesinatos racistas no ser detectada durante más de una década, concluyó un comité parlamentario.

El duro informe cerró una investigación de nueve meses sobre la red Subterránea Nacional Socialista (NSU, por sus siglas en inglés), cuyo descubrimiento fortuito a finales de 2011 escandalizó al país y obligó a las autoridades a admitir que los radicales de ultraderecha eran más brutales y estaban mejor organizados de lo que se pensaba anteriormente.

Su investigación reveló numerosos errores a todos los niveles del fragmentado aparato de seguridad: policía estatal, nacional, fiscalía y servicios secretos, así como un fracaso sistemático a la hora de considerar racistas los asesinatos de ocho turcos y un griego entre 2000 y 2007 que luego se atribuyeron a la NSU.

Las autoridades asumieron que debían tratarse de ajustes de cuentas en el submundo de los inmigrantes turcos, y sus investigaciones parciales acabaron en callejones sin salida. Las familias de las víctimas han hablado de su desesperación al encontrarse como objeto de las sospechas en medio de su dolor.

“Los turcos asesinan a turcos, esa parece haber sido la mentalidad”, dijo el diputado socialdemócrata Sebastian Edathy, que presidió el comité.

“Cambiar esto tardará más que cambiar las leyes (…) No creo que sea un caso de racismo institucional, pero sí tenemos a racistas trabajando en las autoridades de seguridad”, agregó.

SIN PRUEBAS DE COLUSIÓN

El comité urgió a los organismos estatales a trabajar y coordinarse mejor y dijo que siempre se deberían tener en cuenta unos posibles motivos racistas en los asesinatos. Recomendó que las fuerzas de seguridad contraten a más personas de un contexto racial diverso para reflejar una sociedad más multicultural.

Pero no encontró pruebas de que nadie en las fuerzas de seguridad hubiera protegido deliberadamente a la NSU y les hubiera ayudado a evitar ser detectados, aunque sí recomendó nuevas normas sobre el uso de informantes, después de las alegaciones de que con frecuencia, los agentes estaban más interesados en proteger a los informantes que en seguir pistas.

Beate Zschäpe, la única supuesta integrantes de la NSU que está viva, fue juzgada en mayo en Múnich, acusada de complicidad en la muerte a tiros de ocho turcos, un griego y una mujer policía, así como dos ataques con bombas en barrios inmigrantes de Colonia y 15 robos bancarios.

Sus dos presuntos cómplices, Uwe Mundlos y Uwe Böhnhardt, se suicidaron en 2011, lo que permitió conocer la existencia de la célula.

Zschäpe, que podría ser condenada a cadena perpetua, ha permanecido en silencio desde su arresto, lo que ha dificultado la comprensión de sus motivos y de cómo quien fuera una adolescente normal se hundió tan profundamente en el ambiente neonazi.

El jefe de la agencia de información nacional (BfV, por sus siglas en alemán) dimitió el año pasado después de que se publicara que archivos sobre el uso de informadores fueron destruidos tras conocerse la existencia de la NSU.

/Por Alexandra Hudson/