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Un mechón de arena

Todas las tardes hacíamos el amor con las ventanas abiertas al rumor del mar y la brisa. Había un ventilador de aspas demasiado viejo y ya sin función junto a nuestros cuerpos desnudos. Había tres ventanas por las que se filtraba el favor del mar y el viento movía las cortinas mientras le recorría el cuerpo de la ceca a la meca sin pensar en nada y sin otra preocupación que no fuera ella y su cuer…

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