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Una procesión que este año ha tenido la particularidad de que la imagen ha estrenado un nuevo manto, sufragado en buena parte por las donaciones de los fieles, definido por el Hermano Mayor de la hermandad, José Manuel Rodríguez Lagos, como “una obra sin par que resalta la singularidad de una imagen única”.

Se trata de un manto elaborado en tres piezas bordadas en oro fino y seda, menos voluminoso que el clásico, que queda como una de las piezas más importantes del museo de la hermandad, y ha salido adelante tras tres meses de trabajo de los talleres sevillanos de bordado de Charo Bernardino, a partir de un diseño de David Calleja.

Con ese nuevo manto, la imagen ha salido a la calle a las diez de la noche del día de su onomástica, en un municipio en el que la costumbre de las ofrendas en forma de billetes se mantiene tras casi siglo y medio, y en el que la mayoría de sus mujeres llevan el nombre de pila de Bella.

Sobre la costumbre de prender los billetes, el asesor artístico de la hermandad y exhermano mayor, Jesús Cortés, cuentan que la imagen llegó a la localidad hace 178 años, procedente del convento de El Terrón, tras ser rescatada por los vecinos de ser llevada al Monasterio de La Rábida, y llegó “sin nada, sin gente que la amparase en forma de hermandad, e incluso cuentan que la gente le iba lanzando a su paso todo lo necesario para mantenerla”.

Una costumbre a la que esta noche se han vuelto a sumar los leperos, acompañados por miles de turistas que en estos días se encuentran en la zona, y que no se pierden cada 15 de agosto esta cita, que cuenta incluso con un directivo de la hermandad que se encarga, durante el recorrido, de recoger los billetes de los fieles y prenderlos en el manto.

Poco después de las diez de la noche, cuando la imagen salió de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán ya llevaba en su manto algunos billetes, que fueron aumentando según avanzaba el recorrido, y que es una de las formas de recaudar dinero que tiene la hermandad lepera, que desarrolla distintas actividades a lo largo del año, con una importante presencia en obras benéficas, ya que, entre otras cosas, la hermandad es socio protector de la ONG Cáritas.

La devoción a la imagen tiene varios siglos de historia, ya que la primera cita documental a Santa María de la Bella, en el término de Lepe, data del año 1396, cuando Juan Alonso de Guzmán, Conde de Niebla, le legó una limosna de cincuenta maravedíes en su testamento.

El origen de la devoción de Lepe a su Patrona está vinculado con la Orden Franciscana, cuyo primer convento en la zona fue fundado por el noble Francisco Luján en el año 1431.

Su título era San Francisco del Monte y estaba situado en los cabezos paralelos a la costa, desde la Torre del Catalán hasta La Redondela, donde cada segundo fin de semana de mayo se celebra la romería en honor a la patrona de Lepe.