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Guillermo Palomero, presidente de la citada fundación, ha indicado que suelen ser machos jóvenes, que han sido vistos al norte de Burgos, cerca de la costa entre Galicia y Asturias o incluso en las cercanías de la ciudad de León.

En concreto, tanto en la localidad de Robles de Laciana, donde un oso ha matado varias cabezas de ganado, como en la de Llamas de Laciana, en la que otro ejemplar ha sido fotografiado por un vecino comiendo cerezas en el pueblo, se han puesto en marcha patrullas, ha explicado hoy el presidente de la Fundación, Guillermo Palomero.

Estas patrullas de personal especializado de la Junta, en colaboración con expertos de la fundación, pretenden disuadir a estos osos, para que dejen de atacar al ganado y de acercarse a poblaciones, dijo Guillermo Palomero.

Ha asegurado que “es muy anormal que un oso ataque a la ganadería”, pero esta es la época de menos comida en el monte para esta especie y por eso busca alimentos en zonas habitadas.

En el caso de Robles de Laciana, el oso puede “haberse picado” al encontrar una presa fácil como las ovejas, mientras que en Llamas de Laciana ha mostrado “un descaro especial, comiendo a la vista de la gente”, ha relatado este experto.

El objetivo ahora con estas patrullas es disuadir a estos ejemplares de su comportamiento, para que no se habitúen a la cercanía con las personas y no vuelvan a acercase a los pueblos.

Los casos de estos osos se producen en un momento de crecimiento de la especie, con un número de ejemplares que puede alcanzar los doscientos en su población cantábrica occidental, que incluye esta zona del noroeste de León.

Sin embargo, esta recuperación del número de ejemplares no significa necesariamente una expansión territorial, ha advertido.

El presidente de la citada fundación ha destacado al respecto que “es muy normal” ver algún oso lejos de sus áreas tradicionales de distribución, como el fotografiado recientemente por un apicultor al norte de Zamora.

Estos casos no son habituales, pero tampoco son descartables, al aprovechar estos ejemplares corredores naturales para explorar otras zonas.

El oso pardo estaba muy amenazado a finales de la década de 1980 y comienzos de la de 1990, pero en poco más de década y media se ha multiplicado “casi por tres”, ha señalado Palomero.

Los datos aún provisionales de 2012 reflejan un nuevo récord en la recuperación de la especie, con 32 osas acompañadas de 59 oseznos, de las cuales 28 y 53 crías corresponden a la zona occidental, en la que se estima una tasa de crecimiento anual del 10,6 por ciento, confirmando la tendencia demográfica positiva desde mediados de la década de 1990, según datos de la fundación.