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Monjes rebeldes se atrincheran por su oposición al patriarca de Constantinopla

Los protagonistas son un centenar de frailes del monasterio de Esfigmenos, uno de la veintena con que cuenta la Sagrada Comunidad del Monte Athos, considerados “cismáticos” por oponerse al acercamiento al Vaticano del patriarca ecuménico de Constantinopla (Estambul) o 'primum inter pares' de la Iglesia Ortodoxa, Bartholomeos I.

Este grupo de religiosos se ha hecho fuerte en las dependencias del monasterio y en un edificio administrativo de Karyés, la capital del Monte Athos, para protestar por su situación.

La cuestión viene de antiguo, pues ya en 1967 montaron en cólera por la visita que hizo el entonces patriarca ortodoxo Athenágoras I al papa católico Pablo VI, y sólo unos años después retiraron a sus representantes de la dirección colegiada de la Sagrada Comunidad del Monte Athos.

En 2002, el patriarca Barholomeos I ordenó su excomunión y expulsión del Monte Athos, y pidió a las autoridades de Grecia que actuaran contra ellos.

En cambio ellos han resistido y se niegan a marcharse de los edificios que consideran suyos o a dejar entrar a una nueva comunidad elegida por Bartholomeos I para sustituirles.

“Cuando el patriarca intenta echar de su monasterio o condenar a muerte a 108 personas, hace lo mismo que los turcos. Con la diferencia de que los turcos lo hacen contra los creyentes de otra religión mientras él lo hace contra sus correligionarios”, denuncia Iraklis Moraïtis, portavoz de los monjes rebeldes, consultado por Efe.

Según Moraïtis, por orden del patriarca tienen prohibido importar alimentos o medicinas -aunque los consiguen de contrabando- e incluso se les ha intentado cortar el suministro de agua.

La polémica siempre ha estado ahí pero el golpe más duro para la comunidad de Esfigmenos llegó el pasado mes cuando, tras un largo litigio, un tribunal civil ordenó a los monjes rebeldes acatar la decisión del patriarca y abandonar el edificio de Karyés, aunque por el momento no se ha pronunciado sobre el monasterio.

El martes, un alguacil se presentó ante el edificio con la orden de expulsión, pero al no ser atendidos sus ruegos regresó con ayuda policial y una miniexcavadora para echar la puerta abajo.

“La máquina rompió la puerta de nuestro edificio e hirió a un monje”, se queja Moraïtis.

La respuesta de los cismáticos no fue menor, según un miembro de la Nueva Comunidad de Esfigmenos -fieles al Patriarca- que reside junto al edificio ocupado por los tradicionalistas.

“Los ocupantes lanzaron contra los alguaciles y los policías cócteles molotov y un artefacto explosivo. Poco después entraron al edificio alrededor de 20 individuos armados con palos”, afirma este monje a Efe aunque pide no ser identificado.

En cambio, los monjes cismáticos aseguran que “solo prendieron fuego a unas telas” y las lanzaron al conductor de la excavadora “para ahuyentarlo”.

Este acto provocó la intervención de la Fiscalía, que ha ordenado el arresto de los encerrados en el edificio, pero según las fuentes consultadas por Efe el miércoles aún no había intervenido la policía, aunque prevalecía la tensión.

“La hermandad legal de monjes del Monasterio de Esfigmenos pide al Gobierno y a todo ciudadano responsable que contribuya a la aplicación de la ley en la Comunidad Sagrada del Monte Athos, porque hay gente que perpetra crímenes graves y eso es inadmisible”, afirma el monje de la hermandad pro-Patriarca, que además ha recibido financiación europea para restaurar el monasterio.

El Gobierno de Atenas trata de no mezclarse demasiado en el asunto ya que el Monte Athos es territorio autónomo y, aunque está bajo soberanía griega, se relaciona con la Administración a través del Ministerio de Asuntos Exteriores.

El delegado ministerial para el Monte Athos, Aristidis Kasmiroglu, explica a Efe que defiende el derecho de la nueva hermandad a tomar posesión del monasterio en disputa, pero pide “hacer todo lo posible” para que la crisis sea resuelta “sin incidentes violentos”.

Pero de las dependencias de los monjes cismáticos cuelga una pancarta que deja clara su posición: “¡Ortodoxia o muerte!”.

Por Andrés Mourenza

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