miércoles, 12 agosto 2020 14:41

Talavante, con mejores toros, se lleva el triunfo en Valencia

FICHA DEL FESTEJO:

Tres toros de Juan Pedro Domecq, para Morante de la Puebla, bien presentados, de buenas y finas hechuras, pero sin fondo alguno de bravura; y tres de Victoriano del Río, para Talavante, de mayor volumen y presencia, con un segundo bravo en la muleta, un cuarto rajado y un sexto noble y manejable.

Morante de la Puebla: pinchazo y estocada atravesada (silencio); dos pinchazos y estocada contraria trasera (silencio); estocada caída (oreja protestada tras aviso).

Alejandro Talavante: estocada tendida trasera (oreja); pinchazo hondo y cinco descabellos (silencio);estocada y descabello (oreja tras aviso). Salió a hombros.

Al final del paseíllo se guardó un nuevo minuto de silencio en el tercer día de luto oficial por las víctimas del accidente ferroviario de Galicia.

Quinto festejo de la Feria de Julio. La plaza se cubrió en más de las tres cuartas partes de su aforo, en tarde de calor sofocante.

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CON LA FRESCA DEL CREPÚSCULO

Hasta la salida del quinto toro, el duelo entre Morante y Talavante transcurría lento y plomizo, probablemente afectado del calor bochornoso que inundaba la plaza de Valencia.

Los primeros cuatro capítulos de este nuevo enfrentamiento de figuras sólo dejaron como anotación estimable la faena que Talavante le hizo al segundo toro, un astado de Victoriano del Río que resultó ser finalmente el único bravo de la corrida.

Y es que el diestro extremeño, una vez que cada torero lidió toros de distintas ganaderías, pareció acertar mejor en la elección que su rival de la Puebla, enfrentado hasta entonces a dos toros de Juan Pedro Domecq parados y absolutamente vacíos de casta y bríos.

Pero ese primer toro de Talavante sí que tuvo de todo, especialmente en el último tercio, donde, tras tardear al primer cite, repetía con entrega y emoción hasta seis y siete embestidas profundas.

La faena del extremeño no estuvo a la altura de la gran condición del animal. Aunque ligó los pases y mantuvo siempre la planta asentada, a la muleta de Talavante le faltó mando para llevar sometidas esas vibrantes embestidas, en una faena, además, demasiado corta, pues se fue a por la espada cuando el toro todavía tenía mucho que ofrecer.

Él bonancible público valenciano premió al de Badajoz con una oreja, pero en la plaza quedó una extendida sensación de insatisfacción entre los aficionados.

Por eso en el quinto remontó la tarde, justo cuando una fresca brisa comenzó a descargar el ambiente y la aromática torería de Morante de la Puebla oreó la espesura de la lidia.

No fue bravo tampoco ese tercer toro de Juan Pedro Domecq, sino un animal descastado que se refugió en la querencia de tablas apenas tuvo delante la muleta del sevillano.

Le faltó por eso cierta estructura a la faena, pero jugando con las querencias, desengañándolo por momentos de su búsqueda de los adentros y llevando siempre la muleta a la altura indicada por las condiciones del manso, Morante esparció por el ruedo muletazos y adornos de sabor añejo.

Todo el trasteo, aunque falto de una imposible ligazón, estuvo dominado por la naturalidad de los grandes y por la sinceridad y el ajuste en los embroques que tanto se ha echado de menos en esta feria. Se protestó la oreja concedida, sin duda por los que se quedaron con las ganas de ver más.

Con la tarde ya encauzada, Talavante se encontró con otro toro con posibilidades, con recorrido y nobleza. En la primera parte del trasteo, el extremeño toreó con más entrega que en el turno anterior, sobre todo en dos series de pases con ambas manos que tuvieron un alto nivel.

Hubo después algún altibajo de ajuste, pero lo remontó con unas bernardinas y unos adornos finales enroscándose tanto al toro que el de Victoriano del Río le pisó y le derribó a la arena, donde le buscó con saña, aunque sin herirle.

La emoción del percance y la suma de logros le valieron a Talavante esa segunda oreja que le abrió la puerta grande y le situó como triunfador numérico del mano a mano.

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