jueves, 13 agosto 2020 10:58

Un magistral Perera abre la Puerta Grande en Santander

FICHA DEL FESTEJO Toros de Garcigrande y de Domingo Hernández, de juego variado. Los mejores, primero y tercero, este último aplaudido en el arrastre.

Juan José Padilla: estocada (oreja); y cuatro pinchazos y media (silencio tras aviso).

Juliá López “El Juli”: pinchazo, media y dos descabellos (ovación); y estocada atravesada y cuatro descabellos (ovación tras aviso).

Miguel Ángel Perera: estocada (dos orejas); y media (silencio).

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente de ferrocarril ocurrido en Santiago de Compostela.

La plaza se llenó en tarde de llovizna.

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BUENO “MANO A MANO”

La quinta corrida de abono de la feria ofreció la mejor cara de dos figuras consagradas: El Juli y Miguel Ángel Perera.

El madrileño, firme y con repertorio inagotable, se fue en blanco al fallar con la espada, siendo el triunfo para Perera, rotundo con el tercero, al que desorejó por partida doble.

Completó la terna Juan José Padilla, que cortó una oreja en el primero con el que sufrió un revolcón y hubo de ser atendido en la enfermería tras producirse un corte en un dedo de la mano izquierda.

Lo mejor del festejo lo protagonizó Perera con el tercero, un toro al que el pacense cuajó desde el capote, recibiendo por gaoneras marca de la casa, y asentando la faena en el centro del ruedo.

Muy templado y mandón, Perera derrochó superioridad y se lució en una buena tanda de naturales, aunque el toro viajó mejor por el pitón derecho. Con los pies clavados en el suelo, como en el diestro extremeño es ya habitual, cerró su buena faena con circulares.

Todo gusto y armonía, dominando la embestida de un buen rival al que mató de un certero estoconazo justificando un gran triunfo.

Con el que cerró plaza la cosa fue distinta. Un toro “rajado” al que intentó sacar algo positivo en un derroche de generosidad y saber estar, doblándose con el animal pero sin lucimiento y emoción alguna. Misión imposible rascar una sola tanda potable.

El Juli no quiso ser menos y se mostró torero y dominador en sus dos faenas.

La primera, ante un toro más ligero y cuajadito que el resto, al que supo aprovechar su embestida de largo llevándole a los medios. Allí donde se hace lo importante el madrileño tiró de su amplio repertorio: molinetes, derechazos y toreo al natural de alto voltaje.

Circulares y toreo en redondo para finalizar con unas bonitas 'bernardinas'. Todo ello se deslució al errar con la espada quedándose sin recompensa.

Al quinto lo sobó en el inicio para darle distancia y tomar la medida a un toro sin mucha condición. Obligándole cada vez un poco más el madrileño volvió a mostrarse por encima de su enemigo, más bregador que lucido en una faena de más mérito que emoción.

Labor de poder a poder que también merecía premio si hubiera acertado en la suerte final.

La otra oreja de la tarde fue para Padilla con el toro que abrió plaza, al que banderilleó con soltura.

Faena alegre y variada en la que el jerezano se gustó ante un público a su favor. Un buen toro de Garcigrande al que Padilla obligó a media altura, en un compás más relajado y parsimonioso que en otras tardes.

Faena larga en la que el andaluz se llevó un buen susto cuando intentaba cuadrar al animal, que hizo por él, volteándole en el centro del ruedo. Se rehizo y, con un corte en la mano izquierda, pudo matar llevándose una oreja.

Con el segundo, al que toreó con la mano ya vendada después de visitar la enfermería, se topó con un morlaco sin clase y reservón al que no pudo hacer faena y con el que tuvo dificultades para matar.

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