miércoles, 12 agosto 2020 23:26

«No hay que dramatizar lo que sucedió, nadie fue allí a hacer daño al Papa»

El Papa Francisco hace una pausa en su agenda pública este martes en Rio de Janeiro, mientras las autoridades analizan los fallos en la seguridad que permitieron una multitud cercara su automóvil y, durante la víspera, estallara la violencia tras una manifestación cerca de plaza de gobierno. El coche del Papa quedó atrapado hasta tres veces durante varios minutos en el tráfico mientras una multitud en delirio le tiraba regalos por la ventanilla y hasta le tocaba, para desesperación de sus guardaespaldas, algo que pone en tela de juicio el operativo de seguridad.

Las autoridades admiten errores de comunicación entre los diferentes organismos encargados de la seguridad, y la alcaldía de Río de Janeiro dijo que el chofer del automóvil se equivocó en el recorrido. La secretaría de Seguridad para Grandes Eventos -dependiente del ministerio de Defensa- sostuvo que el propio Papa pidió al chofer disminuir la velocidad para saludar a la gente. “No hay que dramatizar lo que sucedió. Todo salió bien, nadie fue allí para hacer daño al Papa”, indicó el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi. “El secretario del Papa me confió que estaba asustado, pero que Francisco permaneció muy sonriente”, añadió.

El primer Papa latinoamericano, que defiende una Iglesia cercana a los pobres, está empeñado en tener contacto con el pueblo, y en un trayecto posterior por el centro de la ciudad en un papamóvil semidescubierto aupó a varios niños, estrechó manos y no perdió la calma.

“Gracias. Gracias. Gracias a ustedes y a las autoridades por haberme dispensado una acogida tan cálida en tierra carioca”, dijo el Papa este martes en su cuenta Twitter.

Horas después, tras la reunión del Papa con la presidenta Dilma Rousseff en el palacio Guanabara, sede del gobierno del estado de Rio de Janeiro, centenares de manifestantes que protestaban cerca de allí contra el gasto público de 53 millones de dólares para su visita y la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), fueron dispersados por la Policía con gases lacrimógenos y chorros de agua.

Un fotógrafo de la agencia AFP fue herido en la cabeza por un bastonazo de un Policía, y un manifestante recibió una bala de goma en una pierna. Según la policía, los incidentes comenzaron cuando un manifestante lanzó un cóctel molotov. Ocho personas fueron detenidas, según el último balance policial.

30.000 militares

El operativo de seguridad para la visita del Papa cuenta en total con unos 30.000 militares y policías. El papa, que hace hincapié en una Iglesia misionera, llamó a los jóvenes a evangelizar a las naciones en momentos en que los católicos pierden terreno frente a los evangélicos y el laicismo, en su primer discurso junto a Rousseff.

La presidenta brasileña, cuya aceptación cayó casi 25 puntos porcentuales tras las masivas protestas de junio, aprovechó la popularidad de su ilustre visitante para destacar la lucha común contra la desigualdad.

En junio, más de un millón de personas tomaron las calles de varias ciudades de Brasil para exigir mejores servicios públicos y protestar contra los millonarios gastos de la Copa del Mundo y la corrupción rampante.

Vestido con una simple sotana color crema y un crucifijo de plata, el papa Francisco fue recibido en su primera visita al país con más católicos del mundo por decenas de miles de peregrinos agitando banderas -en su mayoría brasileñas y argentinas- que lloraron y gritaron a su paso.

“Fue emocionante, el Papa era como una persona normal, hasta tenía cara de sorprendido, como si no se esperara tanta cosa”, comentó el peruano Jorge Pantigoso, de 34 años, tras de verlo pasar cerca de la catedral.

El primer jesuita que accede al papado pidió a los jóvenes que “vayan más allá de las fronteras de lo humanamente posible, y creen un mundo de hermanos y hermanas”, en su primer discurso en Brasil, antes de reunirse a puertas cerradas con Rousseff.

Sin reuniones hoy

Francisco, de 76 años, no tiene reuniones anunciadas en su segundo día en Brasil y descansará en la residencia de Sumaré, en las alturas de Rio, en medio de la selva tropical atlántica, aunque Lombardi informó que podía reunirse con quien quisiera.

El arzobispo de Rio, Orani Tempestá, inaugurará oficialmente este martes la JMJ con una misa en la playa de Copacabana, prevista para las 18.00 hora local (23.00 hora española), y en la que se espera a cerca de un millón de personas.

Este será el único acto central de la JMJ sin la presencia del Papa, quien presidirá estas jornadas que se celebrarán hasta el 28 de julio. El Papa Francisco, quien desde su elección en marzo insiste en la necesidad de que la Iglesia, los fieles y los gobiernos presten más atención a los desposeídos, tiene previsto visitar el miércoles el mayor santuario católico de Brasil, Aparecida, en el estado de Sao Paulo, donde las fuerzas de seguridad encontraron el domingo un explosivo de fabricación casera y lo detonaron.

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