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«Al separarme, me fui de casa y empecé de cero trabajando en dos sitios y viviendo de alquiler», cuenta Miguel, que, al «ordenar su vida», decidió pedir la custodia compartida. Al solicitarla, «la juez pidió un informe de la psicóloga, que concluyó que mi hija me tenía desvalorizado y por eso decidió concedérmela». En el caso de Miguel, se estableció una semana alterna para cada uno, con una visit…