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¡Alerta! baby crisis

La fórmula parece sencilla: si A quiere a B, y B quiere a A, la suma de A+B, es decir, C, no puede dar otro resultado que el colmo de la felicidad. Pero la lógica de las matemáticas no siempre funciona en asuntos de pareja. Ángela y Pablo lo comprobaron después del nacimiento de su hija, Esther, que llegó cuando llevaban cuatro años casados. ?Nos hacía muchísima ilusión ser padres. Estábamos encantados con la idea de ampliar la familia, pero la realidad no fue tan idílica. Cada uno vivió la paternidad de forma diferente, y eso acabó separándonos?, cuenta Ángela. Ahora Esther tiene tres años y ellos llevan uno divorciados. Su caso no es excepcional. (Más información en Mujerhoy.com)

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