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Zhang, que ha participado en Burgos en una Semana de Misionología dedicada a la “Iglesia perseguida”, es un joven afable de sonrisa casi permanente, aunque reacio a las entrevistas y muy precavido en sus declaraciones, en las que apenas hace referencia a la situación política de su país.

El futuro sacerdote ha concedido una entrevista a Efe en la que señala que la clandestinidad es la realidad cotidiana de parte de la comunidad cristiana en China, cuyo gobierno permite la práctica religiosa sólo con personal reconocido y en lugares registrados ante la Oficina de Asuntos Religiosos y bajo el control de la Asociación Patriótica de Católicos Chinos.

De ahí la diferencia entre una Iglesia “oficial” y los fieles que tratan de salirse del control gubernamental para ponerse en obediencia directa del papa Francisco, formando la iglesia “clandestina”.

Tomás Zhang es, en este momento, diácono de esa iglesia clandestina y el siete de septiembre se ordenará sacerdote en Pamplona, donde lleva seis años formándose.

Asegura que la vida de un sacerdote en China es parecida a la que llevaría en cualquier otro país, pero tienen que trabajar de forma secreta y muchos suelen dormir de día y trabajar por la noche, “cuando duermen los policías, para evitar ir a la cárcel”.

Durante todo el tiempo que lleva en España sólo ha podido volver a China una vez para ver un país que “está en pleno desarrollo y ha cambiado mucho”, con unos nuevos dirigentes que “han comenzado a pensar en mejorar el nivel de vida y en el bienestar de los ciudadanos”

Su sueño es regresar a su país en unos dos años, cuando acabe de estudiar Derecho Canónico, y trabajar como todos los sacerdotes allí.

Tomás Zhang insiste en que ser cristiano en China “no trae mucho problema”, incluso a los seminaristas, cuando son detenidos, solo suelen reprenderles e invitarles a que vuelvan a su casa y se casen.

Sin embargo, también admite que los policías distinguen perfectamente a los sacerdotes y si les atrapan les llevan a prisión, no porque sean una amenaza sino porque el comunismo es ateo por principio y el cristianismo tiene su base en el Señor y eso “es como mezclar agua y fuego, no pueden existir a la vez”.

En un país como China, con más superficie que Europa, cerca de sesenta etnias diferentes y 1.400 millones de habitantes, los cristianos no llegan al dos por ciento y en este momento hay unos 180 obispos y unos 6.000 sacerdotes “aunque es difícil saber el número con precisión, porque muchos no figuran en el registro”.

El diácono detalla que muchos de esos religiosos son chinos, porque en Taiwan o Hong Kong hay más misioneros, pero en el continente hay pocos “y los que están allí viven escondidos”

Considera que la iglesia clandestina vive de una manera “irregular, sin visibilidad”, y precisa que también se la llama “la iglesia familiar” porque celebran las misas y los sacramentos en algunas familias que tienen algún salón o habitación grande, que se utiliza como capilla.

Zhan que explica en la entrevista que pertenece a una familia de la etnia mayoritaria y reconoce que fueron sus padres los que le inculcaron sus convicciones religiosas, porque “eran dos personas piadosas y sencillas que creían que uno de sus hijos sería sacerdote”.

Recuerda, con una sonrisa aún más abierta, cómo cuando tenía seis años su madre le levantaba a las cuatro de la mañana para asistir al rosario y el sueño que pasaba “al principio, porque luego uno se acostumbra”.

A los doce años tuvo una maestra “muy religiosa”, hasta el punto de que varios de sus entonces compañeros de clase hoy se han convertido también en sacerdotes.

Y hasta los 18 esa maestra fue su directora espiritual, de tal modo que le enseñaba como rezar y respondía a “las dudas que tienen los jóvenes”, hasta que llegó el momento en que el párroco de su pueblo le mandó a un seminario clandestino.

Pedro Sedano