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La aprobación de este decreto, al que ha dado luz verde el Consejo de Gobierno, era el último paso necesario para finalizar este proceso que comenzó el Ejecutivo autonómico en octubre de 2012 con la constitución de una comisión asesora.

En esta comisión, formada por representantes del entorno artístico y social de la jota, se adoptó por unanimidad un acuerdo en el que se recogen y reconocen los valores que justifican la declaración de la jota como BIC inmaterial.

El decreto de la declaración de la jota aragonesa como BIC viene acompañado por las conclusiones de esta comisión asesora.

Así, se establece que por su singularidad y como una de las más acendradas manifestaciones del folclore de la comunidad autónoma es un activo esencial del patrimonio cultural.

Según el Gobierno de Aragón, su riqueza tanto musical como en el repertorio de sus letras (coplas, cantas y estribillos) y bailes, y la variedad de sus registros (desde la sátira a la elegía) suscitan en la población aragonesa un “sentimiento muy profundo e inmediato de pertenencia a un territorio y de identificación con su pasado”.

Otro de los aspectos que se destacan en el documento es que la jota es algo vivo. Esto se debe al trabajo y a la amplía difusión que muchos aragoneses, integrados en grupos folclóricos y asociaciones culturales de todo tipo, han dado a lo largo del tiempo a la jota, consiguiendo trasmitir esta herencia cultural de generación en generación.

En ese sentido, también se indica que el origen y la evolución histórica de la jota se remite a un pasado de rica hibridación cultural, trasmitido de forma oral hasta finales del siglo XVIII, siendo el siglo XIX cuando se consolidó en todo su esplendor y pasó del ámbito de calles, plazas, ventas o lugares de trabajo al más ordenado de certámenes y concursos.

Por ejemplo, el Certamen Oficial de Jota Aragonesa, que cumple ahora 126 años.

El ser un símbolo y una seña de identidad de la comunidad es otra de las cuestiones que se valoró para dar comienzo a este procedimiento.

Tal y como se refleja en el acuerdo, la jota se difunde dentro y fuera de las fronteras españolas llegando incluso a Iberoamérica.

Además, sirve como fuente de inspiración en otros ámbitos culturales, como el cine, la pintura o la literatura.

Sorolla, Marín Bagüés o Gárate, en la pintura; Albéniz, Falla, Granados, Ravel, Glinka, Liszt o Balkirev, en la música; Rey y Saura en el cine, o Moiseyev en la danza son algunos ejemplos de quienes se han inspirado en la jota.