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A las 13 horas y con el sonido del clarín ha salido de los corrales de la media plaza (la otra media es el mar abierto del puerto de Dénia) la primera de las seis vaquillas programadas para esta sesión matinal de “Bous a la mar”.

Con un sol radiante, centenares de personas, entre vecinos y turistas de todas las procedencias (españoles y extranjeros) no han querido perderse esta peculiar sesión taurina.

En cada una de las vaquillas se ha repetido el ritual de hombre y toro, en el que los primeros intentaban engañar al astado para que cayera al agua y se diera un chapuzón, mientras que la res intentaba no caer en la trampa y al mismo tiempo barría con sus defensas la orilla del muelle para que fueran los mozos los que saltaran al vacío y se dieran un refrescante chapuzón.

A lo largo del festejo se han podido contemplar los habituales revolcones de mozos empujados o arrollados por las vaquillas, aunque ninguna de las cogidas ha revestido gravedad: todas se han quedado en un susto, con magulladuras, moratones y leves golpes, pero ninguna herida por asta de toro.

En la tarde noche de ayer, tras el primero de los tres encierros programados este año de “Bous a la mar”, las cinco vaquillas y el toro protagonizaron varios incidentes, con siete cogidas que, afortunadamente, se saldaron también con contusiones y magulladuras, pero sin heridos por asta de toro.

A partir del primer fin de semana de julio, y hasta el 14 de ese mismo mes, la ciudad de Dénia vive intensamente su fiesta mayor, en la que fusiona su estrecha relación con el mar y su devoción por los festejos taurinos a través de los conocidos “Bous a la mar” (toros en la mar), declarados Fiesta de Interés Turístico Nacional hace ahora dos décadas.

Con más de doscientos años de historia, los “Bous a la mar” se desarrollan en un recinto cerrado por tres de sus lados, ya que el cuarto es el propio litoral portuario, donde se congregan los mozos para correr por el borde del muelle hasta que el toro o los jóvenes, o ambos a la vez, caen al agua.

El origen de este festejo se remonta al siglo XVII, época en la que ya se ofrecían corridas y capeas en Dénia, pero es a partir de la segunda década del pasado siglo, a raíz de construirse la dársena del puerto, cuando los “Bous a la mar” adquirieron su configuración actual.

Entonces se decidió habilitar una pequeña plaza provisional y abierta al mar para que los espontáneos toreros pudieran lanzarse al agua para evitar así la embestida del animal.

Desde 2010, dicha plaza está adaptada a la nueva normativa, con asientos reforzados, pasillos anchos y barrotes que guardan la distancia reglamentaria.

Este año, coincidiendo con el veinte aniversario de su declaración como Fiesta de Interés Turístico Nacional, una gran aficionada al espectáculo, Rosa Bertomeu, ha organizado una exhibición de las ganaderías participantes con premio a la que aporte los mejores ejemplares para la fiesta.

Un jurado, encargado de evaluar qué ganadería da más juego en la plaza y brinda el mejor espectáculo, otorgará un primer premio, dotado con 300 euros, y una placa conmemorativa al ganador.

Según Bertomeu, con ello se persigue “incentivar a los ganaderos para que lleven a los festejos de Dénia sus mejores ejemplares”.