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Mursi en la marcha sobre Siria fue el punto de inflexión para el Ejército

EL CAIRO (Reuters) – La preocupación del Ejército por la forma en que el presidente Mohamed Mursi estaba gobernando Egipto alcanzó un punto de inflexión cuando el jefe de Estado acudió a una manifestación repleta de islamistas de línea dura que pedían una guerra santa en Siria, dijeron fuentes militares.

En la marcha del 15 de junio, clérigos suníes usaron la palabra “infieles” para denunciar tanto a los chiíes que combaten para proteger al presidente sirio Bashar el Asad como a los no islamistas que se oponen a Mursi en casa.

El propio Mursi pidió una intervención extranjera en Siria contra Asad, lo que llevó a una reprimenda velada del Ejército, que emitió un comunicado aparentemente blando pero afilado al día siguiente, subrayando que su único papel es vigilar las fronteras de Egipto.

“Las fuerzas armadas estaban muy alarmadas con la conferencia de Siria en un momento en el que el Estado estaba atravesando por una importante crisis política”, dijo un oficial, cuyos comentarios reflejaban lo expresado en privado por miembros del Ejército. Habló bajo la condición de anonimato porque no tenía permitido hablar a los medios.

La controversia que rodea a la conferencia sobre Siria apuntó a un fallo en la presidencia de Mursi: aunque la Constitución designa a Mursi como jefe supremo de las fuerzas armadas, el Ejército sigue siendo dueño de su propio destino y fuente rival de autoridad del primer jefe de Estado del país libremente elegido.

El dramático ultimátum del Ejército exigiendo a Mursi y a otros políticos dirimir sus diferencias antes del miércoles tomó a la presidencia totalmente por sorpresa. Alentado por las masivas protestas contra el Gobierno de Mursi, supuso un golpe suave por parte de un Ejército que ha sido importante receptor de ayuda estadounidense desde los años 70, cuando Egipto firmó la paz con su vecino Israel.

El Ejército ha citado la necesidad de evitar un derramamiento de sangre como su principal motivación. También está preocupado por otros importantes problemas del país, como la crisis económica que ha devaluado más de una décima parte la moneda este año, haciendo más difícil al país importar combustible y alimentos.

En declaraciones la víspera de las protestas, el presidente había descartado la idea de que el Ejército fuera a tomar el control de nuevo. Si Mursi era consciente de la irritación del Ejército, optó por ignorarlo, creyendo que su condición de líder electo le daba la licencia para hacer política al igual que otros dirigentes mundiales salidos de las urnas.

Para el Ejército, la manifestación sobre Siria ha cruzado una “línea roja de seguridad nacional” alentando a los egipcios a combatir en el extranjero y arriesgándose a crear una nueva generación de yihadistas, dijo Yaser El Shimy, analista del Grupo Internacional de Crisis.

En el corazón de las preocupaciones del Ejército está la historia de un Islam militante en Egipto, país del líder de Al Qaeda Ayman al Zawahri. La fuente militar condenó las recientes afirmaciones hechas por “terroristas jubilados” aliados de Mursi, que ha estrechado sus lazos con el grupo antiguamente armado de Al Gamaa al Islamiya.

En privado, los oficiales del Ejército de tendencia laica ha dicho que los egipcios no querían un estado religioso. Aunque los Hermanos nunca dijeron que quisieran establecer una teocracia, tales preocupaciones reflejan sus sospechas tradicionales hacia un movimiento prohibido por los gobernantes militares en 1954.

LA PRESIDENCIA NO VIO LA AMENAZA

En público, Mursi y el Ejército han mantenido las apariencias.

La presidencia ha actuado repetidamente para apagar los rumores de tensiones con los generales.

Y la Constitución convertida en ley por Mursi el año pasado protege los intereses del Ejército, que supervisa un imperio económico que produce desde agua embotellada a tabletas.

“La presidencia no percibió al Ejército como una amenaza”, añadió Shimy, del Grupo Internacional de Crisis.

El actual jefe de las fuerzas armadas, el general Abdel Fatah al Sisi, fue designado por Mursi en su segundo mes en el cargo tras enviar a la jubilación al mariscal de campo Husein Tantawi, ministro de Defensa de Mubarak durante dos décadas.

Veinte años más joven que Tantawi, Sisi fue ascendido desde el puesto de director de inteligencia militar. Los analistas lo han descrito como un acuerdo que encajaba tanto a Mursi como a una generación más joven de mandos del ejército que buscaban la promoción.

Formado en Estados Unidos y Reino Unido, como muchos oficiales en un Ejército que recibe 1.300 millones de dólares en ayuda militar al año de Washington.

Aunque ha dicho que el Ejército estaba apartado de la política, Sisi ha pedido repetidamente a los políticos que arreglen sus diferencias. En diciembre, presidió conversaciones de unidad para aliviar las tensiones desencadenadas por un decreto que amplió los poderes de Mursi.

A principios de este año, Sisi advirtió de que las revueltas podrían hundir al país. También respondió a las peticiones del Ejercito para derrocar a Mursi, diciendo: “Nadie va a retirar a nadie”.

El Ejército no ha dicho cuál será el futuro de Mursi en el plan que se aplicará si los políticos no se ponen de acuerdo.

Sisi tiene también algo de islamista, dijo Robert Springborg, experto en el Ejército egipcio con sede en la Escuela de Posgrado Naval de Monterey, en California. Citaba material escrito por Sisi durante su formación en Estados Unidos.

“Según lo veo yo, están intentando mantener tanta presión como sea posible para traer un acuerdo de compromiso”, dijo.

Las acciones del Ejército esta semana deberían ser consideradas como las de una institución, no como de individuos, añadió Nathan Brown, experto en Egipto en la Universidad George Washington.

“La inclinación personal de miembros individuales de las fuerzas armadas no es el tema y no está en juego aquí”.

“Hay una cosa que sabemos sobre la ideología del Ejército”, dijo: “Que se consideran con una misión al Estado en lugar de a la Constitución”.

/Por Yasmine Saleh y Tom Perry/

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