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Sebastián Carrasco (Quito, 1981) inicia este sábado un reto que le puede convertir en la primera persona en hacer cumbre en la montaña más alta de África, el Kilimanjaro, sin valerse de sus piernas. Este ecuatoriano se impulsará únicamente con sus brazos en un ascenso que durará más de ocho días por una travesía casi impracticable incluso para los pedestres.

Carrasco -al que en Quito, su ciudad natal, conocen como ‘Zuko’- pasa su vida en las montañas desde los 12 años, tanto que se hizo guía para los turistas que buscaban emociones fuertes en los Andes e, incluso, Alaska. El accidente que tuvo en 2015 -y que le provocó una paraplejia- no sólo no ha cambiado sus planes, sino que los ha hecho aún más ambiciosos.

“Al principio pensé que la montaña y el deporte se habían terminado para mí, pero no”, asegura minutos antes de impartir una “charla emocional” organizada por la Embajada de Ecuador y dirigida a jóvenes ecuatorianos que viven en Madrid. El embajador, Cristobal Roldán, dice que su fuerza “reside en el corazón”, aunque en la práctica serán sus brazos los encargados de propulsar a ‘la diabla’ y al ‘monstruo’, las dos ‘handbikes’ que este paralímpico empleará para tocar la cima del Kilimanjaro, a 5.895 metros de altitud.

El entrenamiento lo ha hecho en casa, en el Guagua Pichincha, considerado el volcán más activo de los Andes. Allí se ha estado ejercitando para, sólo cuatro años después de su accidente, poder escalar sobre ruedas una de las cimas más altas del mundo tras caer desde una altura de 12 metros en un espacio de multiaventura. Ahora subirá cerca de 6.000 para demostrar que “puedo hacer otra cosa más que trabajar desde una computadora”.

Llama la atención de Carrasco que, con un máster en accesibilidad que estudió en Barcelona, ahora se proponga subir a uno de los rincones menos accesibles de África y del mundo. “La montaña me enseñó a ser constante, luchador y perseverante”, cuenta. El único requisito para hacerse con el ‘Guinnes’ es que nadie tire de él, más allá de una polea de la que se servirá para el último tramo del ascenso.

Toda su aventura se podrá seguir a través del proyecto ‘One More Summit’, una iniciativa que parte de la fundación que él mismo ha creado con la misión de que más personas con discapacidad puedan acceder al deporte de aventura. “El deporte, que libera endorfinas y despeja el pensamiento, puede cambiar la situación de mucha gente que está encerrada en su desesperanza”, sostiene ‘Zuko’.

ACCESIBILIDAD

Aunque es consciente de lo poco accesible que es Kilimanjaro y no le importa, sí exige accesibilidad en las ciudades. “La accesibilidad es lo que me hace independiente”, reivindica. De hecho, cuenta que cuando viene a España puede desplazarse de forma prácticamente autónoma pero, sin embargo, cuando regresa a Quito tiene que ir acompañado, dada la escasa accesibilidad de la ciudad. “El transporte público en Barcelona es excepcional”, señala.

“El transporte público en Ecuador no es accesible, ese tema en Barcelona me abrió los ojos, que los buses o el metro fueran accesibles, eso me motivó tanto que me quedé a hacer un máster en accesibilidad, que no es sólo una rampa”, precisa. La hazaña de este deportista puede cosechar el primer ‘Guinnes Record’ para Ecuador en discapacidad, todo para “demostrar que no hay límites”.